miércoles, 9 de abril de 2008

REFLEXIONES

Para finalizar la presente publicación, en primer lugar queremos dar las más expresivas gracias al M. I. Ayuntamiento de Líria por la ayuda económica que nos han reconocido dentro del capítulo de subvenciones que cada año concede a las Entidades jurídicas “sin ánimo de lucro” y a las personas físicas, por la realización de las actividades inherentes a su personalidad ya que sin dicha ayuda quizás no hubiera sido posible realizar esta publicación.

Asimismo queremos hacer constar, que de forma genérica no hemos criticado a ninguna persona determinada enjuiciando hechos en los que tomaron parte activa. En la medida de lo posible hemos resaltado acciones suyas que tenían el deber de realizar por su situación personal. Lo demás está dentro de la conciencia de cada uno. Por el contrario, hemos enjuiciado la actuación de las Instituciones, no de las personas que las formaban, ya que los hechos están ahí y de ellos no se puede huir por más que se quiera.

Hoy día, algunos pretenden en pos de lo que llaman “la memoria histórica”, enjuiciar hechos que personas como yo vivimos, como por ejemplo la construcción en Cuelgamuros del Valle de los Caídos. Los juicios se dan vertidos de una parte y otra puesto sin que en realidad nadie pueda tirar la “primera piedra”. Sobre la leyenda del Valle de los Caídos, ella misma se desautoriza tras la lectura de la página 10 del periódico “El Mundo” de fecha 16 de septiembre del año actual en la que se demostraba la falsedad de los miles de muertos, trabajadores forzados, etc que murieron por desnutrición, abandono y trabajos extenuadores lo cual queda reducido a poco más que nada. De los pocos que trabajaron a partir de 1942, cuando ya habían empezado las obras terminadas en 1950, una gran parte continuaron después voluntariamente.

Nosotros, que vivimos aquellos terribles años que marcaron nuestra adolescencia y juventud, en términos generales recordamos poco de lo acontecido, solamente el entorno familiar, social y laboral que nos tocó vivir. Hoy, ya entrados en años, sólo queremos para nuestros hijos, para nuestros nietos y familiares la paz y prosperidad que nosotros no pudimos disfrutar en la dura guerra y la quizás en otros aspectos más dura posguerra. Para que la Paz reine día a día por muchos años, por generaciones en nuestros corazones y en nuestra querida España a la que tanto queremos y a la que tantos ofrecieron sus vidas en una y otra parte avance cada día más y más su diáfano porvenir. Así lo deseamos y para ello cada uno de nosotros ha trabajado y trabaja en su esfera particular y social para que el santo nombre de Dios y su Santa Iglesia sean respetados como se merecen.

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