miércoles, 20 de febrero de 2008

EL JUZGADO DE PRIMERA INSTANCIA E INSTRUCCIÓN

El 18 de julio de 1936 los funcionarios adscritos al Juzgado de Primera Instancia e Instrucción eran los siguientes:

Juez D. José Blanes Perez

Secretario D. Francisco Coloma Giner

Oficial Habilitado D. Jaime Yuste Pablo

Agente Judicial D. Vicente Puchol Palacios

El 18 de julio, el Juez de Primera Instancia se encontraba de vacaciones de verano y lo suplía D. José Maria Haro Salvador, Juez de Primera Instancia de Valencia.

En acta del Comité Ejecutivo Popular de fecha 17 de agosto, se acuerda cesar en el desempeño de sus cargos a D. Francisco Coloma Giner, Secretario D. Jaime Yuste Pablo Oficial y a D. Vicente Puchol Palacios Agente Judicial.El día 18 de agosto le es comunicada a los expresados la orden del comité por Julian Albarracin.

D. José Blanes Perez continuó como Juez de Primera Instancia hasta el final de la guerra y después como relataremos en este trabajo.

D. Jaime Yuste se escondió en el domicilio de sus padres hasta el final de la guerra.

El Juzgado de Primera Instancia, continuó en sus funciones siendo nombrado Secretario D. Juan Manuel Perez y por el Ministerio de Justicia se nombró como agente Judicial a D. Leandro Ortiz Galán nombramiento que fue rechazado por el Comité nombrando a Luis Alis Rodríguez con fecha 15 de abril de 1937.

Los asuntos contenciosos prácticamente se paralizaron y quedaron relegados sólo al cumplimiento de ordenes superiores como la evacuación de una orden dirigida al Comité sobre si consideraba afectos o desafectos a los funcionarios que formaban la plantilla del Juzgado Municipal: Juez, Secretario y alguacil. D. Vicente Pérez Alepuz había sido destituido por el comité el 17 de agosto de 1936, fueron declarados desafectos.

D. Ramón Serrano Suñer


D. Ramón Serrano Suñer
Ministro de Interior
Jefe de la Junta Política
Cesado a raíz del atentado de Begoña, el 11 de Agosto de 1942
Falleció en 2003

LA LEY DE RESPONSABILIDADES POLITICAS (1 MARZO DE 1940)

Este capítulo lo traemos a colación, porque dicha ley afectó a muchas personas de Líria que vivieron la contienda civil en la zona Republicana y que incluso en sus coletazos, perjudicó a personas que vivieron en la zona Nacional. La obra de Elenio Saña “El franquismo sin mitos”[1] es un reportaje mano a mano con D. Ramón Serrano Suñer, cuñado del Generalísimo Franco, que ostentó en el régimen anterior desde 1937 a 1942 los cargos de ministro de Asuntos Exteriores y de Gobernación.

Elenio Saña le pregunta a Serrano sobre la Ley de responsabilidades políticas, su gestación, autores y su aplicación y éste le responde. La Ley fue elaborada por Pedro González Bueno procedente del campo liberal y Ministro de Acción Sindical que no había sido falangista y que dentro de F.E.T. se significó como fanático Falangista, como todos los que como él, fueron “nuevos conversos” del régimen, al contrario de los viejos falangistas con alguna rara excepción. A González Bueno le ayudaron en la elaboración de la Ley falangistas de su misma laya. Es más, González Bueno había sido catedrático de Filosofía y Letras durante la dictadura de Primo de Rivera.

La Ley se dirigía concretamente a todos los que habían participado en el “Alzamiento socialista, comunista y anarquista contra la Republica en Octubre de 1934. A todos los que habían propagado ideas disolventes contra España y haciendo especial mención del Comunismo y la “Masonería”. Además de las responsabilidades políticas de Orden Penal, llevaba aparejada la de responsabilidades económicas, con embargo de bienes de los afectados, para el pago de las sanciones económicas.

A las preguntas de Saña, Serrano manifiesta que la Ley fue mala y mala en su aplicación por cuanto dañó a muchas personas que nada tuvieron que ver con las causas que señalaba la Ley como objetivo de su aplicación, cuyas personas quedaron marcadas para toda su vida. En Líria, se dieron casos sangrantes de la aplicación de la Ley.

Serrano, aunque reconoce lo anterior elude el nacimiento de la Ley y su aplicación retrospectiva, el tiempo en que se dictó y relata una anécdota que le tocó vivir.

Un día se les presentó en el Ministerio el excatedratico y entonces Sacerdote García Morente, del que González Bueno, había sido su discípulo al igual que Serrano, diciéndole que le habían aplicado la Ley y le habían embargado los escasos bienes que poseía. Serrano lo tranquilizó y le prometió hablar con González Bueno, ya que seguramente se trataba de un error. Serrano habló con González Bueno, pero este se negó tajantemente a rectificar la persecución contra el sacerdote García Morente por lo que Serrano tuvo que hablar con Franco, el cual intervino y ordenó a González Bueno dejar sin efecto la sanción contra García Morente.

Serrano contesta a Saña que la Ley fue mala pero se aplicó por poco tiempo aunque no obstante se aplico a Catedráticos y personal docente, algunos sin significación política y sólo por ser republicanos.

La actuación de González Bueno en el hecho que hemos relatado es producto de los tiempos de que unos se atribuyen el poder que no tienen, perjudicando a los demás. Hemos sido testigos de actos políticos de dudosa legalidad en nuestra larga vida y sobre todo en la guerra civil y en la dura posguerra. Lo ilegal y lo injusto, nunca tienen justificación.

Cuantas personas vinieron a Líria finalizada la guerra, en busca de trabajo o desterradas, en términos generales se comportaron correctamente y cuando se ausentaron cumplido el destierro dejaron un buen recuerdo entre los que los trataron. Otros continuaron en Líria, se afincaron y son muchas las familias que viven entre nosotros. D. José Franco, médico, murciano, querido y respetado por todos los que lo trataron. Ramón Pareja Monteagudo y su esposa Josefa, Antonio Martínez el canónigo de Cieza. Ramón Santonja y su familia de Calasparra. Frasquito, Cristóbal, Vicente Martínez y su esposa. Juan el Chozas y su familia de Calasparra[2]. Todos encontraron trabajo en la empresa de Hilados Hermanos Cantó y se integraron en la sociedad. A los que no se fueron a sus lugares de origen, a todos nuestro recuerdo.



[1] Saña, Elenio. “El franquismo sin mitos”, ed Grijalbo.... etc

[2] Yo fui padrino de boda de Cristóbal, puesto que se había casado por el Comité de su pueblo, la padrina fue Dª. Dolores Serra Jiménez, el matrimonio se celebró en la Iglesia de la Asunción, en la misa primera a las seis de la mañana, antes de entrar a trabajar. También el que suscribe fue padrino en el bautizo de una hija de “Juan el Chozas”.

Dibujo Negrín en Llíria, calle Mayor - San Miguel

Lámina con los 13 puntos de Negrín

LOS TRECE PUNTOS DE D. JUAN NEGRIN

¿Por qué traemos a la presente publicación lo relativo a los famosos puntos de D. Juan Negrin, Presidente del Consejo de Ministros de la Republica Española?. Por cuanto en Líria al igual que en el resto del territorio gubernamental se publicaron carteles y murales con el contenido de los famosos puntos. Así como se difundieron a través de la radio y medios de publicación por toda Europa, se hicieron ediciones especiales para los combatientes e incluso se lanzaron en aviones en la retaguardia nacional. El mando nacional no hizo ningún caso de los puntos, y los tachó de mera propaganda.

En Líria aun existe uno de los murales en la calle Mayor, esquina de la calle San Miguel numero 44, en aquel tiempo propiedad de D. Miguel Ferrandis Garrigues y Dª Amparo Asensi y hoy propiedad de su nieto Pedro Ferrandis Sabater. Dicho mural fue borrado con cal finalizada la guerra, al igual que otros que se colocaron en Líria en el mes de agosto de 1938, en plena batalla del Ebro, trabajo que realizaron soldados del equipo de cultura del Ejército Republicano.

Uno, aún recuerda los andamios construidos para pintar los murales, especialmente el colocado en la fachada de la casa del Dr. Alamá, hoy desaparecida, calle de San Miguel-Plaza del General Santes numero 37.

Los trece puntos se pactaron en un consejo de ministros de abril de 1938 y fueron sacados de un discurso del Dr. Negrín. El mural que aún existe en Líria y que aportamos fotográficamente, salió a relucir al realizar la remodelación del edificio en que se encuentra.

Los famosos puntos se refieren a los conceptos que acompañamos en impreso adjunto, para que no se nos pueda tachar de partidismo. Si que nos interesa resaltar el contenido de alguno de los puntos.

Punto 1º. La independencia de España en el cual las partes contendientes estaban de acuerdo.

Punto 2º. Liberar a España de invasores extranjeros. Este punto fue el más aireado por la propaganda republicana, por todos sus medios de difusión. Cuanto más se alargaba la guerra, los partes diarios empezaban con el párrafo siguiente “las fuerzas franquistas al servicio de la invasión” pues bien, en multitud de ocasiones, el Generalísimo Franco dejó bien claro que finalizada la guerra ningún soldado extranjero quedaría en España, como así ocurrió.

Ramón Serrano Suñer en su famoso libro “Entre Hendaya y Gibraltar, dejó bien claro que en lo referente a la ayuda italo-germana a la causa nacional, Italia se porto con generosidad en el pago de la deuda por la ayuda material a la zona rebelde en la que dejó varios miles de muertos de la juventud italiana, muchos de los cuales descansan esperando la “resurrección de los muertos” en Zaragoza en la Iglesia de San Valero que es visitada por descendientes y familiares de los muertos italianos allí enterrados.

La ayuda alemana, se pagó mayormente en materias primas y alguna concesión minera, totalmente liquidada en los años cuarenta. Entre los famosos puntos está el número 8 que habla de la democracia campesina y la abolición de la propiedad semifeudal y el 13 que habla de una amplia amnistía para los españoles que quieran engrandecer a España.

RESUMIMOS

1º ¿Dónde quedó el lago italiano en el Mediterráneo?. En qué quedó la invasión extranjera.?

2º ¿En que quedó la democracia campesina?. En nada, en simple propaganda. Posteriormente se hizo la Reforma Agraria que después de la República seguía pendiente, pero la tuvo que hacer Franco. Que se lo pregunten a los vecinos de Líria, Casinos, Bétera, Chovar, Benagéber, Marines o Domeño, etc, que pasaron de mal vivir en sus queridos terruños a lo que son hoy: terrenos de regadío bañados por aguas procedentes del pantano de Benagéber.

Todo ello a pesar de la manipulación histórica de Santos Juliá, Preston, Escolá y tantos otros que no vivieron la guerra ni la dura posguerra. Todo ello, la verdadera historia lo ha dicho ya.

Banderín de la Juventud Tradicionalista de Llíria


Banderín de la Juventud Tradicionalista de Llíria
Salvado por el Carlista Pascual Cebriá Gasent y llevado por su hijo Pascual el día 29 de Marzo de 1939 en la manifestación de ese día.

Pascual Cebriá Torrent


Pascual Cebriá Torrent

Pascual Cebriá Gasent


Pascual Cebriá Gasent

Bandera del Círculo Carlista de Llíria


Bandera del Círculo Carlista de Llíria
Salvada por Pascual Cebriá Gasent, salió a la luz pública el 29 de Marzo de 1939. Fue llevada a la manifestación de dicho día por Bautista Seguer Aliaga, preso político en Llíria, de donde era oriundo.

Excmo. Sr. D. Manuel Fal Conde


Excmo. Sr. D. Manuel Fal Conde
Jefe Nacional del Carlismo el 18 de Julio de 1938

Excmo. Sr. D. José Sanjurjo Sacanell


Excmo. Sr. D. José Sanjurjo Sacanell
Jefe Militar del Alzamiento
Falleció el 20 de Julio de 1936 en Estoril (Portugal)

miércoles, 6 de febrero de 2008

La bandera roja y gualda

El presente apéndice lo dedicamos a la bandera bicolor, creada por S. M. Don Carlos III de Borbón para reconocer a su escuadra y que fue la enseña de la Patria con el paréntesis de la 2ª República ya que la 1ª no la suprimió. Los republicanos de la 2ª República se inventaron una nueva bandera sin ninguna tradición histórica aludiendo al pendón de los comuneros de Castilla. La Bandera roja y gualda, fue restaurada en la zona nacional y luego mantenida por el actual régimen con algunas modificaciones, es decir, la supresión del Águila de San Juan con la leyenda "una, grande y libre" y el yugo y las flechas del escudo de armas de los Reyes Católicos que habían sido añadidos en 1938. El actual régimen dentro del escudo nacional ha recuperado las flores de Lis de los Borbones. La bandera roja y gualda está formada por tres franjas horizontales, dos rojas y una amarilla teniendo la amarilla el doble de anchura de cada una de las rojas, según reseña el artículo 4º de la actual constitución española.

Pero ¿por qué se reinstauró la bandera rojigualda que había sido abolida por el gobierno salido del 14 de abril de 1931?. Para ello debemos remontarnos al 18 de julio de 1936 al producirse el levantamiento de una parte del Ejército contra el gobierno del Frente Popular, que no contra la República como forma de gobierno, como puede demostrarse ya que en algunas de las capitales donde triunfó la rebelión, los bandos de proclamación del estado de guerra, se leyeron en muchas partes con la bandera republicana. Una de las fuerzas políticas decisivas en el Alzamiento fue el Carlismo, organizado bajo las siglas de la Comunión Tradicionalista. Regido por S. M. Don Alfonso Carlos de Borbón, S. A. R. Don Javier de Borbón Parma y el Jefe Delegado, Don Manuel Fal Conde que representaban a la Junta del Alzamiento que estaba en San Juan de Luz (Francia).

Era Jefe Regional del Requeté de Navarra Don Antonio Lizarza Irribaren. El Requeté navarro había llegado a altas cotas de organización y el 12 de junio Don Antonio Lizarza a través de unos oficiales de la guarnición Navarra fue llamado por el general Mola, Director de la conspiración para que le informara sobre la organización del Requeté navarro. Al manifestarle Lizarza que tenía encuadrados más de 8.000 requetés, el general se mostró complacido y le comunicó que era una fuerza con la cual deseaba contar para el Alzamiento que estaba preparando el Ejército. No obstante, Lizarza según nos relata en su libro "Memorias de la conspiración, 1936-1939"[1] le manifestó al general que él no contaba con ninguna autorización para comprometerse con el Ejército ya que esta competía a la Junta Nacional Carlista por lo que el general Mola le pidió que lo pusiera en contacto con ella. Producto de la misma hubo una segunda reunión celebrada en capitanía entre el general Mola y Don José Luis Zamanillo, Delegado Nacional de Requetés, donde Mola le puso en su conocimiento el proyecto de Alzamiento del Ejército y Zamanillo esbozó unas bases de cooperación de la Comunión Tradicionalista con el Ejército que no fueron aceptadas por el general Mola, especialmente lo relativo a la bandera roja y gualda por cuanto había mucha gente del Ejército comprometida con el levantamiento de ideología republicana (casos del general de División Don Miguel Cabanellas, Don Gonzalo Queipo de Llano, coronel Don Antonio Aranda, etc). No obstante, Zamanillo le manifestó a Mola que pondría en conocimiento de la Junta General sus proposiciones. El día 15 de junio se celebró en el monasterio de Irache otra reunión entre el general Mola y Don Manuel Fal Conde en la que Don Manuel entregó a Mola por escrito unas bases mínimas para que el carlismo se sumara al Alzamiento Nacional entre las que había dos que Mola no aceptó de ninguna manera: la bandera rojigualda y el derrocamiento del régimen republicano. Bases que como otras respecto a la derogación de las leyes anticatólicas de la República, Mola no aceptó de ninguna manera, separándose los reunidos sin llegar a ningún acuerdo pero no obstante con el propósito firme de continuar los contactos. En este paréntesis, la Junta Nacional Carlista mandó a Don Antonio Lizarza a Portugal para entregar una carta al general Don José Sanjurjo en Estoril, comunicándole la situación de las relaciones con el Ejército, como jefe supremo del Alzamiento proyectado. Antonio Lizarza entregó la carta de la Comunión al general Sanjurjo y éste con fecha 9 de julio escribió una carta por duplicado, una para el general Mola y otra para la Junta Suprema Carlista en la que entre otros conceptos, en referencia a la bandera rojigualda manifestaba que "aquellas fuerzas que fueran netamente carlistas en el Alzamiento se alzaran con la bandera roja y gualda y las fuerzas del Ejército sin ninguna bandera". Regresado Lizarza a Navarra entregó una de las cartas al ayudante del Señor Mola al señor Cordón y después de leída por el general Mola, éste manifestó tajantemente que la firma de la carta era del general Sanjurjo pero su contenido no. La Comunión Tradicionalista ante este estado de la situación acordó romper las relaciones con el Ejército, continuando sus preparativos para pronunciarse contra la República. Ante esta situación, Antonio Lizarza tuvo una entrevista con varios oficiales de la guarnición en su propio domicilio y éstos le echaron en cara el abandono con que los carlistas habían dejado a Mola ya en las proximidades de la fecha clave para producirse el Alzamiento ya que una de las condiciones que ponía el carlismo era "la aceptación total de su programa y la proclamación de la monarquía en la persona de Don Alfonso Carlos, afirmación que fue rechazada tajantemente por Lizarza por no ajustarse a la verdad. No obstante Antonio Lizarza hizo una propuesta a los oficiales que asistían a la reunión. ¿Por qué no proponéis a Mola que acepte las orientaciones que fije después de triunfar el Alzamiento el general Sanjurjo como jefe de gobierno?. Esta propuesta hecha por Lizarza por escrito fue trasmitida al general Mola el cual emitió el siguiente comunicado: "Conforme con las orientaciones que en su carta del día 9 indica el general Sanjurjo y las que el día de mañana determine el mismo como jefe de gobierno. Firmado Emilio Mola". Esta nota fue entregada por Lizarza a la Junta Nacional Carlista en San Juan de Luz que la consideró suficiente y emitió el siguiente documento "La Comunión Tradicionalista, se suma con todas sus fuerzas en toda España al Movimiento militar para la salvación de la Patria, supuesto que el Exmo señor Director acepta como programa de gobierno el que en líneas generales contiene la carta dirigida al mismo por el general Sanjurjo de fecha 9 (de julio). Lo que firmamos con la representación que nos compete. Javier de Borbón-Parma. Manuel Fal Conde".

El Alzamiento del Ejército empezó el día 17 de julio en África y el 18 se sublevó la guarnición de Burgos (6ª División), y los requetés burgaleses sacaron ese día a la calle la bandera roja y gualda. El día 19 se proclamó el estado de guerra en Navarra y la bandera roja y gualda fue izada en la balconada del Círculo Carlista de Pamplona situado en la plaza del Castillo y asimismo los requetés la colocaron en el balcón de la Diputación Foral.

El día 12 de agosto con motivo de la visita a Sevilla del general Franco, jefe del Ejército del Sur, en el balcón de capitanía junto con el general Queipo de Llano se hizó la bandera roja y gualda, organizándose una manifestación en la capital paseando la enseña nacional. Poco después la Junta de Defensa Nacional presidida por Don Miguel Cabanellas instauró de manera oficial la bandera rojigualda en todo el territorio nacional.

En Líria, la bandera roja y gualda del Carlismo local que había tenido escondida con grave riesgo, junto al banderín de la Juventud Tradicionalista, el carlista Don Pascual Cebriá Gasent, fue sacada y paseada en la magna manifestación que tuvo lugar el día 29 de marzo hacia mediodía. En dicha manifestación habló a la multitud asistente desde el balcón del Círculo Tradicionalista el Delegado Local de la Comunión Don Francisco Carbonell Santes. Todo ello está relatado en una carta que Don Pablo Rodríguez Imaz envió el 7 de junio de 1972 a Don Rafael Gambra Ciudad, Alférez provisional del Tercio de Requetés de “El Alcázar” que formando parte de la 152 División llegó a Líria al mando de una sección de requetés. En la manifestación la bandera era llevada por Bautista Seguer Aliaga, carlista oriundo de Líria y el banderín por Pascual Cebriá Torrent, hijo del anterior. La manifestación terminó en la plaza mayor donde se celebró una misa oficiada por el reverendo Don Juan Martín Martínez y ayudada por Pablo Rodríguez Imaz y un requeté también prisionero natural de Corella (Navarra).

La bandera roja y gualda del Círculo Carlista de Líria está conservada actualmente en el Archivo del Círculo Cultural Católico San Miguel de Líria.

Carta de Pablo Rodríguez Imaz

"Larraga (Navarra), 7 de junio de 1972. Sr. Don Rafael Gambra. Pamplona.

Muy señor mío y querido correligionario: Su reaparición en las páginas del Pensamiento Navarro francamente me congratulan por mi plena identificación con sus principios político-religiosos de U. Siempre leo con fruición lo que usted escribe. Pero su trabajo IN MEMORIAM hace referencia a la ciudad de Líria en un momento histórico con el que me siento identificado porque allí fui liberado como prisionero de guerra de los rojos. Caí cuando lo de Quinto y Belchite, militando en la segunda batería del 12 L. de Logroño en la que estábamos bastantes requetés voluntarios. La lectura de su trabajo me ha traído a la memoria un enorme montón de recuerdos. Los que rebasamos el medio siglo ya vivimos de recuerdos que siempre es grato volver a vivirlos aunque sea en la imaginación, encajando aquello de Jorge Manrique "cualquier tiempo pasado fue mejor". Si mal no recuerdo el 28 de marzo cayó Madrid. Aquella misma tarde muchos de los prisioneros ya no salieron a trabajar ante la pasividad desmoralizada de los guardianes que les faltaba valor para imponerse porque barruntaban lo que venía. Al día siguiente, 29 de marzo, ya no se salió a trabajar y nos dedicamos a pasear por las calles de la ciudad y visitar a algunas familias con la que se había hecho amistades muy limitadas a hurtadillas. La noche de ese día llegamos a la casa de un herrero, y después de charlar un rato, el padre de la familia me dijo: "ven conmigo, tu y yo vamos a descubrir algo que no a visto la luz desde la República". Me llevó por unas cuadras a un pajar muy escondido donde había ocultos varios objetos, cuadros de Santos, crucifijos, etc. Cogió un saco con unción y emoción, lo desató y sacó un envoltorio de hule donde había un banderín de las Margaritas; lo besamos los dos emocionados. El día 30, por la mañana se reagruparon los componentes de la Banda de Música de Líria sin haber entrado todavía nuestras fuerzas y tocaron diana por las calles como para querer reunir a la gente en la plaza, donde se iba a celebrar la primera Misa de Campaña a la que tuve el honor de ayudar con otro muchacho de Corella. Al llegar la banda a la altura de la casa del herrero, paró y apareció el padre de familia con la bandera del Círculo y el hijo de unos 14 o 15 años con el banderín de las Margaritas cubiertos con sendas boinas rojas agujereadas por haber pertenecido a los abuelos que habían participado en las guerras carlistas. Al aparecer las banderas, la banda entonó el Himno Nacional con el asombro y rabietas de la multitud de milicianos que volvían del frente sin percatarse del todo de que habían perdido la guerra. Después de terminarse la misa en la plaza aparecieron dos camiones con fuerzas del Tercio de África y siguieron entrando más fuerzas entre las que según su artículo iba usted. Todo aquello se ve apabullado por las corrientes modernistas y desmoralizantes y que nos causan dolor a los que nos sacrificamos por un mundo mejor. Tengo dos hijos (uno en la mili y el otro ha entrado en caja) y aunque sean yeyés se mantienen firmes en las líneas del padre lo que me satisface sin ningún rubor, se santiguan al pasar delante de un templo, bendicen la mesa esté quien esté y también discuten de religión pero sin salirse de la ortodoxia cristiana. Mi más cordial saludo. Pablo Rodríguez Imaz".

En otra carta que obra en nuestro poder de Pablo Rodríguez Imaz, de fecha 18 de julio de 1972, entre otros conceptos, Pablo Rodríguez Imaz tiene recuerdos “La Villa Ángeles”, situada en la carretera de Olocau donde estaba el hospital de los prisioneros y donde pasó varios días, “El corral Blanch” donde permanecieron unos meses fortificando la zona, las huertas, viñas, etc, etc. “Mis oraciones por Don Pascual Cebriá Gasent y mis saludos más afectuosos a su viuda a la que le deseo muchos años de vida, y al hijo para que siga con fidelidad los pasos de sus progenitores. Mi cordial y sincero afecto. Firmado Pablo Rodríguez”.

El herrero era Pascual Cebriá Gasent y su hijo Pascual Cebriá Torrent que hoy aún vive.



[1] LIZARZA IRRIBAREN, ANTONIO. "Memorias de la conspiración, 1936-1939" .Edit. Gómez, Pamplona, 1953.

¿Fue posible la Paz?

Sobre el enunciado de este capítulo se han vertido ríos de tinta y se han publicado miles de folletos y de libros pero, especialmente, a nuestro juicio, de los innumerables títulos que hemos leído destaca el que lleva el enunciado de este capítulo publicado por la editorial Ariel y de la que fue autor el jefe de la C.E.D.A. don José María Gil Robles Quiñones que aunque contienen errores producto del tiempo trascurrido aporta detalles innegables. Asimismo también consideramos esencial el libro “España”, publicado en el exilio mejicano por Don Salvador de Madariaga, diputado republicano federal.

El primero atribuye una de las causas fundamentales de la imposibilidad de la paz, las leyes sectarias que propugnaron el desorden público que imperó durante toda la república y del cual fueron protagonista sectores radicales de la izquierda. Madariaga atribuye como una de las causas fundamentales de la guerra civil la división dentro del P.S.O.E., por una parte el ala radical-revolucionaria de Largo Caballero y por otra la reformista de Don Julián Besteiro e Indalecio Prieto. A Largo Caballero lo apoyaba la U.G.T. y el periódico “El Socialista” y a Prieto el periódico “Claridad”. Como botón de muestra tenemos el mitin que tenía que celebrarse el día 31 de mayo de 1936 en la plaza de toros de Écija (Jaén) por Don Indalecio Prieto y que se suspendió ante las algaradas y tiros del sector largocaballerista que impidió el mitin, teniendo que salir el orador Sr Prieto escoltado por la fuerza pública, por jóvenes de “La Motorizada” -guardia personal prietista- y por Juan Negrín que pistola en mano defendió al orador hasta su salida de la plaza de toros.

El Ejército acató la República y las medidas, alguna de ellas necesarias, que tomó el Presidente de la República Don Manuel Azaña -y no existe ningún hecho que pueda probar lo contrario- aunque estimamos que la forma sectaria en que se llevaron a cabo las reformas militares, como el nuevo juramento a la Bandera en el que en uno de dichos actos, el coronel Mangada que a los gritos del estamento militar de ¡Viva España!, respondió quitándose la guerrera y la gorra de plato y pisoteándolas gritando ¡Viva la república! lo que le valió un arresto. Asimismo el Ejército, salvo la intentona frustrada del 10 de agosto de 1932, protagonizada por el general Sanjurjo y por un pequeño grupo de militares monárquicos liberales pasó sin pena ni gloria.

La Iglesia, acató la República desde el primer día pese a los atropellos continuos que tuvo que soportar hasta 1936, especialmente los destierros del obispo Don Mateo Múgica y del Primado de España Don pedro Segura.

El fiscal de la República cifraba en 1933 que desde el inicio de la República hasta ese año, se habían convocado 1.200 huelgas por elementos extremistas afines a la República. Por otra parte, en el bienio que los socialistas y los republicanos calificaron como “negro” y José Antonio Primo de Ribera como “estéril”, en 1935 por el diputado agrario señor Jiménez Fernández, aún con la oposición de muchos de sus correligionarios llevó adelante la Ley de Cultivos y Arrendamientos Rústicos y Acceso a la Propiedad que estuvo vigente en parte hasta los años 70 y que incluso apuntaba la continuación de la Ley de Reforma Agraria.

¿Fue posible la paz?...

La represión política contra los vencidos

A los pocos días de finalizar la guerra, empezaron las detenciones de personas del bando vencido que fueron ingresados en la cárcel del Partido. Dado el gran número de detenidos, más de 300, se habilitó la parte alta del edificio del Ayuntamiento para poder mantener a tantas personas.

Poco a poco fueron cayendo en manos de la Justicia Militar todos aquellos que tomaron parte en los asesinatos que se habían cometido en Líria durante el gobierno del Frente Popular. El jefe de la cárcel era Francisco Benito Sánchez quien había sido jefe de la cárcel hasta julio de 1936, siendo destituido por el gobierno del Frente Popular. Cada recluso tenía una asignación diaria de 1,25 pesetas para su manutención sin perjuicio de lo que sus familiares les pudieran proveer. A los pocos días de ingresar los primeros detenidos en la parte superior del edificio del Ayuntamiento hubo una fuga de tres reclusos que se descolgaron por unas sábanas por la parte posterior del edificio, lo que conllevó una mayor vigilancia del edificio, poniéndose un centinela en medio de la plaza, otro en los escalones de la iglesia de la Asunción y otro en la parte posterior del edificio. Además se prohibió a los presos asomarse a las ventanas del edificio. No obstante ello, el día 2 de octubre de 1936, al pasar un entierro por la Plaza Mayor por delante del Ayuntamiento, un interno llamado Pascual Galduf Pons se atrevió a asomarse y el centinela que estaba en la plaza mayor, un moro de Regulares, le disparó un tiro matándolo en el acto. No obstante en la revista catalanista “Els temps”[1] apareció erróneamente como ejecutado en Líria el 6 de octubre de 1939, lo cual contradice incluso al certificado de defunción de Pascual Galduf[2].

La cárcel de mujeres que estaba situada en la calle mayor 54, albergaba a una docena de detenidas. Todas las tardes si el tiempo lo permitía, eran paseadas por turnos por los alrededores de la población en la “tartana del blanco”, llamada así por ser propiedad de un vecino apodado “El Blanco”. En el periódico “Las Provincias” de 22 de junio de 1939, se insertó la noticia de la detención e ingreso en prisión del vecino de Pedralba Narciso Puigmeral y de los vecinos de Líria, detenidos en Alicante cuando pretendían huir de España, Manuel Frontera, y otros sujetos nombrados por sus apodos: “Monín” “El Ditet” y “El Gallo”.

Las ejecuciones empezaron pronto, después de ser juzgados los detenidos en consejo sumario de guerra. Tuvieron lugar en diferentes lugares siendo el siguiente el listado completo de todas ellas.

En el Picadero de Paterna:

Miguel Martínez Pastor 6 de abril de 1939.

Luis Alcocer Sancho 25 de junio de 1939.

Miguel Bosch Cotanda 27 de agosto de 1940.

Daniel Espejo Asensi 27 de agosto de 1940.

Miguel Ibáñez Barona 27 de agosto de 1940.

Salvador Lleó Llavata 27 de agosto de 1940.

José Doménech Gimeno 20 de agosto de 1941.

José Alamá Salvador 20 de agosto de 1941.

En el cementerio de Líria

El 21 de abril de 1939 a las 21 horas.

Miguel Rodrigo Romero.

Mario Blat Civera.

Trinitario Durbán Faubel.

Enrique Muñoz Cintero.

Manuel Peña Yago.

Tomás Arnau Llavata.

El 3 de junio de 1939 a las 20 horas.

José Nadal Quiles.

Vicente Sancho Pérez

El 21 de junio de 1939 a las 11 horas.

Juan de Mata Chisvert Mateu.

El 6 de septiembre a las 19:30 horas.

Francisco LLopis Dasí.

Pascual Nadal Romero.

El 16 de octubre de 1939.

Pascual Galduf Pons.

El 24 de octubre de 1939 a las 18:00 horas.

José Vinaisa Herrero.

El 30 de octubre de 1939 a las 18:00 horas.

Mariano Cotanda Silvestre “El Gallo”.

Miguel Torres Palacios “El Ditet”.

Antonio Ortiz García “Monín”.

José Navarro Palacios.

Manuel Ferrer Sanz.

Miguel Asensi Fombuena.

La última ejecución que se llevó a cabo en el cementerio de Líria, el 30 de octubre de 1939, tuvo una gran resonancia en la población por cuanto todos o casi todos los reos fueron procesados por diversos asesinatos cometidos en la población en 1936. El pelotón de ejecución estaba formado por soldados de Infantería y el oficial que los mandaba manifestó a las personas que se encontraban en las inmediaciones del cementerio que si alguno de ellos tenía algún familiar que había sido asesinado podía pasar a presenciar la ejecución contestando sólo una señora de avanzada edad que ella quería entrar. El oficial le preguntó que a quien le habían asesinado a lo que la mujer respondió literalmente “al meu ferriol”. La mujer era la criada de Miguel Andreu Ferriol, conocido por sus ideas republicanas autonomistas. Estos hechos fueron presenciados por el autor de este trabajo que sólo por esta vez se había acercado al cementerio por la dicha expectación que estas ejecuciones despertaron entre la población. Desde el exterior se oyeron las órdenes de firmes, apunten y fuego. A la orden de firmes los reos respondieron con gritos de “Viva la F.A.I.[3]”. Después se oyeron los pistoletazos del tiro de gracia.



[1] “Els temps”, nº 25, suplemento de noviembre de 1985.

[2] Tomo 42, folio 173 del Registro Civil de Líria,

[3] F.A.I. Acrónimo de la Federación Anarquista Ibérica, rama extremista de la C.N.T.