jueves, 13 de diciembre de 2007

ASPECTOS DE LA VIDA CIVIL DESPUÉS DE LA LIBERACIÓN

 

La vida en la población volvió a reanudarse bajo el mando de las autoridades nombradas para regir la vida civil, social y política. Poco a poco fueron llegando a Líria los combatientes de los dos bandos, tanto los voluntarios como los que habían sido encuadrados en virtud de los reemplazos incorporados al Ejército de la República.

Es imposible relacionar la totalidad de combatientes que fueron movilizados. Sólo lo he hecho de los que fueron encuadrados en la LXX Brigada Mixta gracias a las notas proporcionadas por Miguel Puchol Alegre, que gracias a su prodigiosa memoria conserva vivos los recuerdos de aquellos años. De los combatientes que pasaron a la zona nacional recordamos entre otros a Miguel Vergara Gimeno, Miguel Asensio Martínez, Miguel Peñarrocha Taroncher, José Llopis Simeó, Francisco Benito Sánchez, José Yuste Pablo, Miguel Martínez Peñarrocha, José Solaz Hernández, Pascual Lis Palomar, Miguel Martínez Fombuena, José Ferrandis Calvo, Martín Gracia Argente y otros muchos que es imposible relatar. La fábrica de los hermanos Ríos-Seguí volvió a funcionar bajo la dirección de los propietarios Don Santiago y Don Vicente Ríos Seguí. La dirección técnica fue obra de Don Alfredo Portig Menert que volvió con su familia y pasó a residir en Líria. Los ingenieros jefes de sección eran los señores Margarit y Salom. Los propietarios no llevaron a cabo ninguna medida represiva contra los trabajadores, es más, Enrique García Fabra, que había perdido una pierna luchando en el frente con la LXX Brigada Mixta fue readmitido y encargado de la portería.

La fábrica de hilados de Manuel Cantó, asimismo reanudó los trabajos propios de la misma, aumentando las diversas secciones de picado, tendido e hilados con una sección de esportines con gente traída de Abanillas (Murcia), siendo el encargado Don José Pacheco. Muchas de las familias como los Lajara, Tristán y Pacheco se quedaron en Líria y fundaron aquí sus familias. La empresa con generosidad, regentada por los hijos de Don Manuel Cantó, Julián, Ismael, Juan y Vicente, admitieron en la fábrica a todas las personas que llegaron a Líria procedentes de Cieza, Sotana, Calasparra y otras poblaciones murcianas. El grupo escolar de San Vicente Ferrer, que había sido hospital militar, empezó a funcionar en el curso de 1939-40 siendo su director Don Salvador Roger así como los maestros Don Manuel Miguel Cintero, Don Ángel Martínez y Don José Grau Alfonso entre otros.

La campaña vitícola se llevó a cabo abriendo las bodegas de los hermanos Daud, Cortina y la cooperativa “La Campesina” pero ya con el nombre de “Cooperativa Vinícola” que continúa hasta nuestros días. También reanudó su actividad la fábrica de aceite de orujo del señor Mateu Ferrando y los coladores de Martínez y otros.

Se llevaron a cabo, a pesar de la carestía, las fiestas en honor de San Miguel Arcángel, realizándose la procesión el 29 de marzo de 1939 con la efigie de un San Miguel pequeño ya que la imagen antigua había sido quemada durante los primeros meses de la guerra. En la procesión formaron muchos soldados con sus uniformes que habían llevado durante la guerra. Al frente de los mismos estaban los dos Alféreces Provisionales Don Marcelino García Sornosa y el reverendo Don Vicente Tomás Alonso del Cuerpo Jurídico Militar, novicio en 1936 de la Orden de San Vicente Ferrer y que finalizada la guerra fue ordenado como religioso de la Orden. Asimismo volvió la feria con sus barracones de venta de juguetes y utensilios, destacando entre otros el “Barracón Largo”, propiedad del señor Lluch, el de Molina, los de tiro al blanco, los puestos de venta de los famosos “garrotes lirianos”, la feria de la herramienta agrícola que se instalaba al lado del Ayuntamiento, “Marioles” con su famoso Bigote en su barracón de juegos de cartas, la rueda de los caballitos que se instaló –como de costumbre- detrás del Ayuntamiento, las barcas “de fuerza” que se instalaron en la plaza de Partidores, delante de lo que hoy es la Tasca de Pepe y por último se celebraron festejos de toros, montándose el ruedo en la de Partidores con sus clásicas escaleras. El concejal de fiestas fue Francisco Balaguer Rosell y el corneta que daba los avisos Pascual Ibáñez Carpio, que aún vive a sus 91 años. Se realizaba la famosa “entrá” y por la tarde la corrida en la que se lidiaban dos toros y cuatro vaquillas. A los dos toros se les clavaron banderillas por toreros venidos de Valencia que al final del espectáculo pasaban una capa por delante del público que les lanzaba unas monedas con las que malvivían los matadores, puesto que con la gratificación del Ayuntamiento no les llegaba. Una anécdota quiero relatar: En una de las corridas de toros se lanzó al ruedo un madrileño, requeté del Tercio de “El Alcázar”, cogió un capote y le dio varios lances al toro, lo que le valió una gran ovación. Al día siguiente quiso repetir la faena pero esta vez el toro le dio un susto y le dejó de recuerdo algún que otro moratón.

Y la subida al Monasterio de San Miguel por la escabrosa cuesta, y a derecha e izquierda gente pidiendo limosna y ¿cómo no?, entre ellos, el “baldaet”, de la Pobla de Vallbona, que era minusválido y que iba cubierto con un gorro militar. Los innumerables peregrinos que subían al monasterio lo hacían en cumplimiento de promesas hechas al Arcángel durante la guerra.

En la primera decena de octubre, se realizó una peregrinación de Líria a Zaragoza para honrar a la Virgen del Pilar. La mayoría de los peregrinos fueron para cumplir promesas hechas a la Virgen del Pilar durante la guerra. Los comercios, finalizada la guerra, fueron recibiendo géneros alimenticios de toda clase de los que se habían visto privados antes, como arroz, leche, salazones y conservas de toda clase.

La vida seguía su curso, la juventud incorporada a sus tareas sociales y laborales, miraba con ilusión el futuro sin resquemor de ninguna clase ni odios ni rencores hacia los que aún llenaban la cárcel del Partido y la del Ayuntamiento. Se celebraban los Consejos de Guerra y las ejecuciones que duraron hasta el mes de octubre. Todo aquello pasó y los que lo vivimos, así como la dura posguerra con las privaciones consiguientes que llevó consigo la segunda guerra mundial, hoy ya más que maduros, viejos, queremos para las generaciones actuales y venideras, el respeto, la concordia y el amor entre los españoles.

D. Andrés Pablo Garzón


Labrador, entregado por el Comité fue asesinado en Puebla de Vallbona

D. Ernesto Ferrer Escrig


A la derecha. Asesinado el 25 de Septiembre de 1936, en Valencia, donde residía en la calle Grabador Esteve. También fue asesinado su padre D. Jerónimo Ferrer Climent y el yerno de éste D. Francisco Sastre Lis, en Noviembre de 1936 en Cuart de Poblet. Sus ejecutores fueron miembros de la CNT de Llíria

Rdº. D. Ricardo Hernández Pablo


Detenido por el Comité de Llíria sufrió pena de cárcel en la Modelo de Valencia

Recordatorio

Rdº. D. Carlos Giner Martínez


De Puebla de Vallbona
Asesinado el 18 de Septiembre de 1936

D. Juan Bautista Faubel Cano


Asesinado por orden del Comité en Paterna
Beatificado por S. S. Juan Pablo II en el año 2001
Su fotografía está en la Sala - Museo del Círculo San Miguel

D. Luis Martí Ferrando


Llíria 3 de Julio de 1912 - 27 de Noviembre de 1989
Gran enamorado de Llíria. Autor de varios libros y al que nunca odremos pagarle lo que hizo por nuestra población. Tiene una calle dedicada en Llíria

DESPUÉS DE LA LIBERACIÓN

 

En el libro de Don Luis Martí Ferrando que ya he citado en la presente obra, en la página 220, tomo III, aparece una relación de personas de Líria que en el transcurso de la guerra fueron asesinadas, tanto en el término municipal de la población como en otras diferentes pero todas ellas en el territorio dominado por la República. En la lista aparecen los nombres de once sacerdotes asesinados, sin embargo, en el recordatorio que consta en mi poder de fecha 29 de mayo de 1939 y que aparece en la “Cruz de los Caídos” pintada en la fachada de la iglesia de la Asunción, sólo aparecen nueve sacerdotes. Comparando la lista de Luis Martí con el recordatorio, los que faltan en el citado recordatorio son los reverendos Don José Alegre Calvo y Don Crispín Merenciano Salvador, asesinados en las parroquias donde prestaban su servicio, fuera de Líria.

La lista de Luis Martí es la siguiente[1]:

Sacerdotes

Don Miguel Aliaga Turó.

Don Luis Albert Fombuena.

Don José Nicolau Genovés.

Don Antonio Fabra Ruiz.

Don José Calvo Guillamón.

Don Daniel Alamá Barona.

Don Juan Bautista Dasí Barona.

Don Juan de Dios Martínez Ibáñez.

Don José Alegre Calvo.

Don Crispín Merenciano Salvador.

Mujeres

Doña Cándida Alonso Fombuena.

Doña Pilar Lara Alcalá.

Militares

Don Ildefonso Bañuls Sornosa.

Don Constantino Murgui Ortega.

Don Salvador Mateu Ferrando.

Don Antonio Cueva Santa Gil.

Estudiantes.

Alberto Izquierdo Albalat.

Don Vicente Boquera Alamá.

Don Ernesto Ferrer Escrig.

Médicos.

Don Daniel Escrig Bort.

Empleados.

Don Vicente Gómez Seiquert.

Don Miguel Ferriol Andrés.

Labradores.

Don Pedro Castillo Adriá.

Don José María Castillo Soriano.

Don Pedro Portolés Cristóbal.

Don José María Faubel Escrig.

Don Jerónimo Ferrer Climent.

Don Joaquín Cotanda Llavata.

Don José L. Ferrando Escribá.

Don Andrés Pablo Garzón.

Don Ángel Gurrea.

Don Nazario Portoles Alamá.

Don Fernando Vives Hernández.

Don José María Carrera Asensio.

Don Joaquín Carrera Asensio.

Don Pascual Montañés Yuste.

Oficios varios.

Don Marcelino Blay Tello.

Don Juan Bautista Faubel Cano.

Don Víctor Alamá Martínez.

Don Simeón García Artero.

Don Eduardo Pomar Castellano.

Don Francisco Martínez Collado.

Ingenieros.

Don Francisco Sastre Lis.

Previamente a la fecha del 29 de mayo, los cuerpos de las personas asesinadas, vecinos de Líria fueron depositados en la iglesia de San Francisco y el citado día 29, trasladados a hombros de militantes de F.E.T. a la iglesia de la Asunción siendo presididos los féretros por el Clero local. Detrás de los féretros iban las autoridades y las milicias uniformadas de F.E.T. A continuación una multitud de gente y de soldados, especialmente requetés. Todo el recorrido desde la iglesia de San Francisco, calle de San Francisco, Plaza del General Santes, Calle de José Antonio, Plaza Mayor hasta la iglesia de la Asunción, fue cubierto por fuerzas del Ejército. La iglesia no pudo acoger a todos los asistentes a la manifestación de duelo por lo que centenares de ellos tuvieron que oír por megafonía el oficio religioso desde la calle. Finalizado el funeral, formaron las milicias de F.E.T. en la plaza mayor y el señor alcalde Don Francisco Arquer, dirigió la palabra a los asistentes, cantándose el “Cara al sol” antes de que se disolviese la gente. Los féretros fueron llevados al cementerio católico donde se ofreció un responso y fueron enterrados dentro de la mayor emoción, especialmente de los familiares.

Asimismo, en la citada obra de Don Luis Martí aparece una relación de las personas que fueron designadas para cubrir los cargos de la Comisión Gestora municipal así como los cargos administrativos y políticos que iban a constituir el gobierno de la población. Dicha relación, a mi juicio, es incompleta ya que en el periódico “Las Provincias” de día 29 de mayo de 1939, se publicó una lista más completa que la anterior y en la que muchos de los cargos de la primera lista no aparecían en el periódico como es el caso del jefe de F.E.T. La relación de cargos de “Las Provincias” era la siguiente:

Primera gestora municipal.

Alcalde: Don francisco Arquer Goch.

Segundo teniente de Alcalde: Don José Mateu Peris.

Tercer teniente de Alcalde: Francisco Carbonell Santes.

Síndico: Francisco Balaguer Rosell.

Concejales: Francisco Escrig Pedraza.

Francisco Sornosa Escrig.

Vicente Sornosa Sabal.

Rafael Mondria Cifré.

José María Santes Vidagany.

Carlos Peñarrocha Taroncher.

José María Lapiedra Tormos.

Manuel Daud Bañús.

Marcos Bonet Genovés.

José Espí Montero.

Juan Verdeguer Alcocer.

Miguel Vergara Gimeno.

Jefe de vigilancia: Agustín Peñarrocha Maicas.

Matadero: Filiberto Ibáñez Juan.

Organización de F.E.T. y de las J.O.N.S.

Jefe local: Juan Antonio Martínez Faubel.

Secretario: Jaime Yuste Pablo.

Organización Juvenil: Carlos Perelló Llorens.

Administración: Carlos Peñarrocha Taroncher.

Auxilio Social: Francisco Santes.

Propaganda: José María Lapiedra Tormos.

Milicias: Francisco Benito Sánchez.

Información: José Ferrandis Martínez.

Sección Femenina.

Delegada local: María Carrera Bustamante.

Secretaria: Piedad Yuste Pablo.

Personal: Concepción Hernández Alonso.

Administración: Patrocinio Faubel Olba.

Hermandad: Ana Mateu Ferrando

Delegada Social: Amparo Lis LLeó.

Auxilio Social: Piedad Carmelo Martínez.

Los cargos tanto administrativos como políticos que he relacionado anteriormente se comportaron en términos generales con honestidad y afán de servicio. Los cargos políticos salvo Auxilio Social y la Organización Sindical (C.N.S) duraron poco tiempo, sobre todo las milicias de F.E.T. que todos los domingos participaba formada y uniformada en la misa presidida por las autoridades locales, la de las once. Ahora bien, el transcurso del tiempo cribó la Falange quedando sólo aquellos que sentían los ideales por los que se luchó en la guerra.


[1] Don Juan Bautista Faubel Cano, casado, fue beatificado por S S Juan Pablo II en Roma, el día 11 de marzo de 2001 y su fotografía consta en la Sala Museo del Círculo San Miguel. Asimismo los reverendos Don Miguel Aliaga Turó, Don Luis Albert Fombuena y Don José Calvo Guillamón se encuentran actualmente en proceso de beatificación, lo que todos los valencianos esperamos con ilusión.

Rdº. D. Alfredo Mondría Sifre S. J.


Nombrado en la Carta Colectiva por su actuación clandestina en Valencia durante la Guerra

Cardenal Ilmo D. Isidro Gomá


Primado de España
Autor de la Carta Colectiva del Episcoladop Español en Julio de 1937

miércoles, 5 de diciembre de 2007

LA IGLESIA Y LA GUERRA CIVIL.

“Ni Franco ni el Ejército se salieron de la Ley, ni se alzaron contra una democracia normal y en funciones. No hicieron más que sustituirla en el hueco que dejó cuando se disolvió en la anarquía de fango, sangre y lágrimas. La posterioridad hará justicia al acto heroico del general Franco y al impulso patriótico del Ejército”[1].

Don Alejandro Lerroux, Presidente del Consejo del Consejo de Ministros de la República en 1934-35.

Nuestro querido amigo Luis Pérez Domingo ha dejado relatado el ambiente anticatólico que se vivió durante la República del 14 de abril, desde 1931 a 1936. No obstante, queremos resaltar antes de llegar al 18 de julio que el gobierno del Frente Popular anuló las elecciones de las provincias de Cuenca y Granada donde ganaron los candidatos del Frente Nacional, o sea las derechas. Las elecciones de Cuenca volvieron a celebrarse con la ayuda descarada de la “motorizada” –guardia personal de Indalecio Prieto- que pistola en mano falsificaron las actas dando la victoria a los candidatos del Frente Popular. En Granada sin esperar a la celebración de nuevas elecciones, el día 10 de marzo, las organizaciones del Frente Popular se echaron a la calle y con total impunidad por la actuación pasiva de la fuerza pública quemaron la mayoría de las iglesias de la población, el edificio del periódico “El Ideal de Granada” y el domicilio de destacados militantes de la derecha, por todo lo cual cuando vino el 18 de julio debido al odio sembrado en la población, la represión fue especialmente dura por parte de las autoridades franquistas. Entre otros represaliados se fusiló al poeta granadino Federico García Lorca aunque el propio Ian Gibson, republicano convencido, reconoció que su muerte se debió a la acción de personas incontroladas, pagando justos por pecadores.

Al iniciarse la sublevación del Ejército contra el gobierno del Frente Popular, la “caza” de sacerdotes, religiosos, religiosas y gente católica así como la quema de iglesias en todo el territorio “controlado” por la República fue atroz y aún no hacía quince días que no había empezado el Alzamiento cuando Andrés Nin, máximo dirigente del P.O.U.M. escribía en “La Vanguardia” de Barcelona: “La clase obrera ha resuelto sencillamente el problema de la Iglesia, no dejando en pie ninguna de ellas”. El 8 de agosto en un teatro de Barcelona asimismo manifestaba: “Había muchos problemas en España y los republicanos burgueses no se habían preocupado de resolverlos; el más importante LA IGLESIA, nosotros hemos ido a la raíz, hemos suprimido a los sacerdotes, religiosos y monjas no dejando ni uno y suprimiendo el culto”. Todo ello no le valió para que en mayo de 1937, en los sucesos ocurridos en Barcelona fuera detenido por comunistas estalinistas y asesinado en una checa. Asimismo en el periódico cenetista “Solidaridad Obrera” de 15 de agosto se decía “¡Abajo la Iglesia!. Hay que extirpar a los curas y frailes y arrancar de cuajo desde sus cimientos a la Iglesia”. En el periódico “El Pueblo” de Tortosa de 15 de octubre de 1936, el ministro republicano Marcelino Domingo -por cierto gran amigo de los republicanos “históricos” de Líria- decía a unos periodistas que le entrevistaron: “Todas las iglesias se han convertido en fortificaciones y las sacristías en depósitos de municiones ya que la mayoría de los sacerdotes se habían convertido en francotiradores de la Rebelión. ¿Qué se puede exigir al gobierno antes estas anomalía?”. El lector libremente puede opinar.

Su Santidad Pío XI recibió el día 12 de septiembre de 1936 en su residencia de Castellgandolfo a un grupo de peregrinos españoles que fueron a visitarle y darle cuenta de los sucesos de España. Las palabras del Santo Padre fueron las siguientes: “Diríase que una preparación satánica ha vuelto a encender y más viva en la querida España aquella llama de odio y de más feroz persecución abiertamente contra la Iglesia y la religión católica”. El día 30 de septiembre, el Cardenal Primado Pla y Daniel, desde Pamplona escribía una pastoral bajo el enunciado de “Las dos ciudades”, enfocando enérgicamente la realidad bélica y volvía a consignar la cruel y gloriosa realidad de los Mártires de la Iglesia. El largo y glorioso martirologio se ha alargado y enriquecido con los obispos, sacerdotes, religiosos y seglares, con ancianos, con vírgenes y aún con niños. Con todos ellos nos sentimos entrañablemente unidos.

El cardenal Don isidro Gomá, posteriormente Primado de España, el día 30 de septiembre se dirigió por la radio a los católicos recordando a los millares de sacerdotes que habían sido asesinados, todo ello dio lugar más tarde a la “Carta Colectiva del Episcopado Español” patrocinada por Gomá, ya que el anterior Primado Pla y Daniel había fallecido, cuya Carta Colectiva fue firmada por todos los obispos que se encontraban en la zona nacional con excepción del Obispo Vidal y Barraquer que estaba en Italia y por el obispo de Vitoria, Múgica que estaba en Francia y que en el mes de agosto de 1936 junto al obispo de Pamplona Don Marcelino Olaechea había ya firmado un documento a favor de la actitud del Ejército. Por tanto, mereció la aprobación entusiasta de todo el episcopado europeo y americano. La Carta Colectiva es de fecha 1 de julio de 1937 y muy extensa. Podríamos decir que es un libro ya que abarca además de la denuncia sobre los atropellos de la Iglesia, aspectos sociales y la situación clandestina de la Iglesia en territorio republicano. En la Carta Colectiva se decía: “La Iglesia no ha querido esta guerra ni la buscó aunque miles de sus hijos bajo el imperativo de su conciencia se alzaron en armas para defender los principios de la religión y la justicia cristiana. Quienes la acusan de haberla provocado, de haber conspirado por ella y no haberla evitado falsean los hechos y faltan a la verdad. El odio a Jesucristo, a la Virgen María y a los crucifijos ha sido nefasto. Las profanaciones y destrucción de iglesias y edificios religiosos y las profanaciones han sido innumerables”. A ello añadimos, por otra parte la liberación de territorios por el Ejército Nacional, los Te Deum, a las fuerza liberadoras eran lógicos pues traían la paz a los espíritus y la terminación del aquelarre anticatólico y la reanudación del culto católico. La Carta Colectiva se ocupa del caso del territorio dominado por los separatistas vascos, Vizcaya y parte de Guipúzcoa, dominada por el P.N.V., confesionalmente católico y rabiosamente antiespañol, y poniendo como defensa de su actuación el fusilamiento en los primeros meses del Alzamiento de 17 sacerdotes que acompañaban al Ejército separatista para justificar los asesinatos que tuvieron lugar en Vizcaya y Guipúzcoa. Los fusilamientos de sacerdotes separatistas dieron lugar a una protesta del obispo de Pamplona, Olaechea, que en el boletín de la diócesis publicó una artículo bajo el epígrafe “No más sangre” y asimismo el cardenal Gomá puso el hecho en conocimiento de Franco –ya Jefe del Estado- que le prometió que aquello ya no ocurriría más como efectivamente así fue.

El total de sacerdotes, religiosos y monjas asesinados fue el siguiente según los datos suministrados por el entonces obispo Zahonero, debidamente contrastados y verificados: sacerdotes 4.114, religiosos 2.365, religiosas 283. En total 6.762 asesinados. En Líria se asesinó a nueve sacerdotes. ¿Cómo no iba la Iglesia a avalar al Ejército Nacional si gracias a él gozó de sus derechos que desde el 14 de abril de 1931 se habían conculcado?. Como botón de muestra he reproducido a principios de este capítulo una cita de Don Alejandro Lerroux.

El autor de este trabajo tenía nueve años cuando empezó el Movimiento Nacional. Había conocido a varios sacerdotes de Líria: Don José Castañer Cabrera, Santo Varón que se desvivía por lo niños que se preparaban para la 1ª Comunión, que nos llevaba de excursión y nos enseñaba juegos entre los que recuerdo el de “la bandera” que realizábamos en la cima del Monte de Santa Bárbara. Don José Nicolau que fue asesinado, todo bondad y sencillez. Don Miguel Aliaga Turó, enamorado de la juventud por la que se desvivía. El sencillo Don Francisco Martínez Enguídanos. Don Rafael-Sandalio Vialcanet Silvestre. Don Luis María Albert Fombuena, también asesinado. Don José Martínez Lasso. Don Ricardo Pablo Santes. Don Francisco de Paula Alcocer Romero, la sencillez personificada. Don Miguel León Martínez que recuerdo tenía un pequeño rebaño de cabras a las cuales solía sacar a pastar. Gregorio Agustí Silvestre, con su gran corazón y tantos otros que tratamos en Líria. Eran sacerdotes fieles a su Ministerio y a los fieles confiados a ellos. Nunca les oí criticar o desacreditar los actos antirreligiosos de la época republicana y asimismo eran queridos y respetados por los católicos y por que no decirlo, por muchos que no se consideraban católicos pero que como personas reconocían su desinteresada labor.

Por todo ello ¿Cómo es posible que la Asamblea Conjunta de sacerdotes y obispos pidieran perdón por no haber sabido ser “Ministros de la reconciliación”?, ¿cuántos de los votantes de la Asamblea habían sido testigos de los hechos que hemos comentado en el presente trabajo?. A mi juicio, pocos o muy pocos. ¿Cuántos habían estudiado los hechos acaecidos entre 1936 y 1939?. Casi ninguno. ¿Cuántos saben o han contrastado que entre lo miles de sacerdotes y monjas asesinados no hubo ninguno que renegara de su religión y prefiriese ser asesinado antes que apostatar, perdonando muchos de ellos a sus asesinos?.

¿Cuántos saben que la Ley de Congregaciones Religiosas obligaba a que todos los fallecidos debían dejar antes por escrito si querían ser enterrados por el culto católico?. Acompaño la declaración jurada con fecha 28 febrero de 1932 de Don Francisco García López, vecino de Líria, y firmada conjuntamente -al no saberlo hacer el interesado- por Don Francisco Santes, Carlos Peñarrocha Taroncher y Don José Vicente Peñarrocha Santes. ¿Tiene que pedir perdón la Iglesia?. ¿De qué?.

En el periódico “El Mundo” del 7 de septiembre de 2006, página 11, apareció una entrevista con motivo de la Ley de la Memoria Histórica con Fernando Suarez Nelly, que fue ministro de trabajo en el régimen anterior y con Enrique Múgica, excomunista, socialista y actualmente Defensor del Pueblo, en cuya entrevista al hablar sobre la Iglesia y la guerra civil, ambos entrevistados contestaron:

E.M.- “Soy agnóstico, pero me parece absurdo exigir a la Iglesia que pida perdón por su actuación en la guerra civil. Hubo una política de exterminio contra la Iglesia y puede entenderse que apoyase a Franco porque quería sobrevivir. El agradecimiento hacia Franco hizo que la Iglesia colaborase plenamente con el Régimen y que se beneficiara también. Con el tiempo, oportunamente, la Iglesia cambió y contribuyó de una forma importante al advenimiento de la transición”.

F.S.- “Estoy básicamente de acuerdo. La persecución contra la Iglesia fue tan feroz que ésta llegó a bendecir la Cruzada”.

El 16 de abril de 1939, el Papa, S. S. Pío XII, envió un radiomensaje a la nación española en le que, después de congratularse por la victoria nacional, manifestaba entre otros aspectos, lo siguiente: “Es primordial significado de vuestra victoria, nos hace concebir las más halagüeñas esperanzas de que Dios, en su misericordia, se dignará conducir a España por le camino de su tradicional y católica grandeza, la cual ha de ser el Norte que oriente a todos los españoles amantes de su Religión y de su Patria, en el esfuerzo de organizar la vida de la nación en perfecta consonancia con su nobilísima historia de fe, piedad y civilización católicas. Por eso exhortamos a los gobernantes, y a los Pastores de la Católica España que iluminen la mente de los engañados, mostrándoles con amor las raíces del materialismo y de laicismo de donde han procedido sus errores y desdichas, y de donde podrían retornar nuevamente, proponerles los principios de justicia individual y social, sin los cuales la paz y prosperidad de las naciones, poderosas que sean no pueden subsistir y son los que se contienen en el Santo Evangelio y en la doctrina de la Iglesia.

No dudamos que así habrá de ser, y la garantía de Nuestra firme esperanza son los nobilísimos y cristianos sentimientos de que han dado pruebas inequívocas el Jefe del Estado y tantos caballeros sus fieles colaboradores con la legal protección que han dispensado a los supremos intereses religiosos y morales conforme a las enseñanzas de la Sede Apostólica. La misma esperanza se funda también en el cielo iluminado y abnegación de Vuestros obispos y sacerdotes acrisolados por el dolor y también la fe, piedad y espíritu de sacrificio, de que e horas terribles han dado heroica prueba las clases todas de la sociedad española. Nos con piadoso impulso inclinamos ante todo nuestra frente a la Santa Memoria de los Obispos, Sacerdotes, religiosos de ambos sexos y fieles de todas las edades y condiciones, que en tan elevado número han sellado con sangre su fe en Jesucristo y su amor a la religión católica: “No hay mayor prueba de amor.

Reconocemos también nuestro deber de gratitud hacia todos aquellos que han sabido sacrificarse hasta el heroísmo en defensa de los derechos inalienables de Dios y de la religión, ya sea en los campos de batalla, ya también consagrados a los sublimes oficios de caridad cristiana en cárceles y hospitales”.

Pío XII, firmado y rubricado.



[1] “La pequeña historia”, Estoril, 18 de noviembre de 1937. Ed Cimera, Córdoba-Buenos Aires, 1942.

EL REGRESO A CASA DE LOS COMBATIENTES CARLISTAS DE LÍRIA.

Miguel Vergara Gimeno fue designado concejal en la primera Comisión Gestora el día 16 de abril de 1939, cesando el día 19 de mayo de 1942. Se casó con Concepción Hernández Alonso, de cuyo matrimonio tuvo tres hijos, Concepción, Salvador y Miguel. Luego trabajó en la Caja de Ahorros de Valencia hasta su jubilación. Fue también socio fundador y de honor del Círculo San Miguel, adorador nocturno, veterano constante, Presidente del Círculo San Miguel desde 1975 hasta su fallecimiento en 1989, cuando se cumplían los 25 años de la fundación del Círculo.

Miguel Peñarrocha Taroncher falleció en 2005, casado con Dolores García Genovés, sin hijos, fue adorador nocturno, veterano constante, socio fundador y de honor del Círculo San Miguel, concejal del Ayuntamiento de Líria del 6 de febrero de 1955 al 16 de marzo de 1958.

Miguel Asensio Martínez, socio fundador y de honor del Círculo San Miguel, miembro de sus Juntas Directivas. Se casó con Rosario Castellano Bernat de cuyo matrimonio tuvo dos hijos, Miguel Angel e Ignacio. Fue concejal del Ayuntamiento de Líria de 1964 a 1970. Miembro del Cabildo de la Hermandad de Labradores de Líria por votación popular donde desempeñó el cargo de jefe de la guardería con gran brillantez. Falleció el día 9 de junio de 2000.

Todos ellos representaron durante su vida política los ideales que les habían llevado a participar en la guerra, viviendo y muriendo dentro de la lealtad carlista.

AMBIENTE DURANTE LA GUERRA EN LÍRIA.

El ambiente en general era tranquilo, solo turbado por la llegada casi diaria de “La Pava”, que nos hacia acudir a los refugios cuando sonaba la alarma y abandonarlos, cuando sonaba la sirena que anunciaba el fin del peligro. Desde finales de 1936 en los hornos se cocía diariamente el pan para la población. Varios de estos hornos estaban militarizados y en ellos se fabricaba el pan para los soldados del frente. El almacén general se instaló en la parte trasera de D. Manuel Guna “Ca Bailón” en la calle San Miguel, hoy 27 y de allí ya de madrugada se cargaban los camiones de Intendencia con los “chuscos” de pan para el frente. El pan para los soldados era blanco y no tenía nada que envidiar al que se cocía para la población. A últimos de 1938, los soldados, algunos residentes en Líria, les canjeaban a las personas que tenían algún dinero -en su mayor parte agricultores- su chusco.

También a mediados de 1937, cuando empezó a notarse la falta de gente joven las mujeres y los chicos ayudamos a segar el trigo. El autor recuerda el verano de 1938, cuando nos encontrábamos segando trigo en una finca de la partida de la Arboleda, propiedad del padre de Rafael Sornosa Martínez, Francisco Correa Hernández, José Maria Carbonell Casinos y el autor. El Sr. Sornosa nos hacia el “bensill” para atar la carga, nosotros depositábamos encima les “Manaes” y el Sr. Sornosa ataba la “Garba”.

El jabón había desaparecido y a últimos de 1936 las mujeres lo suplían con aceite proveniente de los guisos. Con la ceniza recogida de casa o de los hornos, hacían la colada, como nuestras abuelas, que dejaba la ropa limpia e inmaculada y de un tono blancuzco.

También las mujeres para “alargar” más el escaso trigo que poseían, parte del cual lo habían aportado al Comité o Consejo Popular, mezclaban la harina con patata hervida. El pan se podía comer bien y no faltó aunque fuese en raciones minúsculas. También apareció el “bollo”, tortas redondas de maíz que suplían la falta de pan o por lo menos complementaba la cada vez más escasa ración.

El tráfico por la carretera de Ademuz y de Alcublas era incesante. Los camiones rusos transportaban piezas de artillería e incluso, por su escasa envergadura, los aviones “Moscas”.

La estación de la vía estrecha constituía un conglomerado constante. La gente subiendo por las ventanillas y los que bajaban siendo identificados por la Guardia de Seguridad que detenía a los soldados y procedía a su identificación. A los Guardias de Seguridad, la gente siempre proclive al chiste, la denominaba “La Guapa”. Recuerdo en el verano de 1938 cuando un grupo de chicas -entonces ya se habían cerrado las escuelas- se confabularon para pintarse con tiza en la palma de la mano la cruz gamada, distintivo del Partido Nazi. Al pasar un mando militar de Aviación que vestía de azul le marcaron en la espalda la cruz gamada, lo que originó la detención de varias chicas. El hecho no tuvo mayores consecuencias ya que se demostró que era una cosa de chiquillos.

Las colas constituían un lugar de encuentra entre las mujeres y la chiquillería y un buen momento para las habladurías además de para poder recoger ese escaso suministro que a veces no llegaba para todos los integrantes de la cola. Miembros de la Guardia Nacional Republicana, antigüa Guardia Civil, controlaban a los asistentes a la Cola. El autor recuerda en una de las colas a las que asistía, al Guardia que la custodiaba D. Francisco Gines, que el 18 de julio de 1936 estaba adscrito a la Guardia Civil de Líria. Tenia dos hijos que iban a la escuela de D. Augusto Roca Borrut. No volvió a Líria finalizada la guerra. Sus hijos, que eran inteligentísimos, en 1941 se fueron voluntarios a la División Azul.

Los productos que normalmente se distribuían eran, leche condensada, aceite, azúcar y alguna vez carbón, patatas, y arroz en cáscara.

Se constituyó la Sociedad Agrícola “La Campesina” que tenía sus tiendas propias y se abastecía a si misma puesto que poseía la mayoría de las grandes finca del termino municipal.

La junta de “La Campesina” constaba de los siguientes cargos.

Presidente Mauricio Pérez Martínez

Secretario Contador Salvador Gil Monzó

Tesorero José Vicente Galduf Picher

Vocales Miguel Pérez Granell

Vocales Miguel Martínez Martínez

Los cines continuaron funcionando proliferando, como hemos dicho, las películas rusas. En la Banda Primitiva el local del café fue habilitado como “Comedor Popular del Combatiente”. Se formó permanentemente una Banda Militar que fue la que el día 29 de marzo de 1939 acompañó a la manifestación que celebró el fin de la guerra.

A mediados del año 1938, el arroz blanco desapareció del mercado, pero proliferó el arroz con cáscara. Para quitársela se picaba en un mortero o bien en un recipiente de madera de forma cónica de cuatro lados y luego se separaba la cáscara del grano para poderlo condimentar.

El Comité para obtener recursos para la construcción de refugios, creó los siguientes impuestos:

1º. Cinco céntimos por cada consumición que se realizara en los bares y Cafés.

2º. Cinco céntimos por entrada a los cines en la general y diez céntimos en la butaca.

3º.20% de aumento de la contribución al comercio e industria.

4º. Los jornaleros, pago de un jornal mensual.

5º. Los propietarios, pago de diez pesetas al mes o un jornal de carro con caballería.

A los infractores se les impondría una multa de cincuenta céntimos en los bares, Cafés, teatros y cines.

Las Acequias “madre” de la huerta continuaban construyéndose, pero por falta de cemento tuvieron que suspenderse la obras (1938).

El Mercado municipal se instaló en la iglesia de la Asunción, pero, al empezar a llegar en Agosto de 1937 prisioneros de guerra, el mercado municipal volvió a la Plaza Mayor y la iglesia se convirtió en cárcel de prisioneros de guerra.

El 12 de julio de 1937, chocaron entre la Cañada y el Pla, dos trenes de la vía eléctrica, falleciendo entre otros viajeros el esposo de Doña Carmen Silvestre.

D. Vicente Portolés Marco es reclamado por el Consejo para que se le dispense de incorporarse al frente dada la ausencia de médicos en la población, lo que se consiguió.

Como hemos visto a groso modo, el Consejo Popular en funciones de Ayuntamiento, se preocupaba de los problemas de toda índole que se le presentaba y para terminar aducimos los siguientes casos:

Sandalio Silvestre, que tenia su taller de Alfarería en la calle de San Pedro Alcántara, solicitó colocar un motor para moler la piedra y poder realizar las tinajas, cántaros, macetas, botijos, etc. A esta petición se opuso D. Joaquín Tirado, Coronel de Infantería, Gobernador Militar de Ocaña, natural de Líria, cuya casa situada en la calle de San Roque era pared medianera con la de Sandalio Silvestre. El Consejo falló a favor del peticionario.

El matadero municipal se inauguró en 1937.

Asimismo rindió cuentas de su gestión Recaredo Vicente Vives, gerente de la empresa de Aguas Potables, con unos ingresos de 10.773 pesetas, 55 céntimos, unos pagos de 8.976 pesetas con 34 céntimos y un superávit e 1.807 pesetas.

Se aumentó el sueldo a la plantilla de bomberos -en 12 pesetas al trimestre- y se le denegó la confección de nuevas gorras por estar aún en buen uso los cascos que usaban.

Se acordó que el Mercado Municipal se inaugurara el día 15 de marzo de 1937.

Por último al administrador del Matadero Municipal rindió cuentas de su gestión, correspondiente al mes de abril de 1937 con unos ingresos de 3.588 pesetas con cincuenta céntimos.

Todo ello da una visión de conjunto de la administración llevada a cabo por el Consejo Popular que justo es reconocer que, a parte de alguna arbitrariedad política en el orden administrativo, se las vio y deseó para solucionar los conflictos que se le presentaron. Entre estos el de los refugiados o evacuados que vivían en el Cuartel de la Guardia Civil y los enfrentamientos callejeros y las luchas a pedradas, “Harca”, entre los jóvenes evacuados del Cuartel y los adolescentes de la población. El carácter díscolo y extrovertido de los evacuados y a veces desafiante de los evacuados que se alojaban en el edificio de la Guardia Civil creó un clima de enfrentamiento con gran parte de los chicos que residíamos en el barrio del Raval. Los encuentros entre unos y otros era lo que denominábamos “Harca” que era una batalla entre ambos bandos. El encuentro se dirimía a pedradas, unos delante del monasterio de San Miguel y otros intentándolo tomar, corriendo los primeros hacia el convento de Santa Bárbara si eran desalojados. Estas batallas a pedradas duraron varios meses hasta que la autoridad municipal tomó cartas en el asunto.

ASPECTOS DE LA GUERRA CIVIL EN LÍRIA.

En el presente capítulo vamos a examinar diversos aspectos de la guerra civil en Líria, así como otros que afectaron de forma genérica a la población.

El Ejército Republicano fue llamado por sus dirigentes “Ejército Popular”. Ramón Salas Larrazabal también lo hizo en su magnífica obra “Historia del Ejército Popular de la Republica”. No acertamos a entender porqué D. Ramón le puso ese titulo a su obra, ya que “Popular” pudo ser los primeros meses a partir del 18 de julio, pero la realidad fue que la República movilizó “impopularmente” desde la quinta de 1915 -el primer reemplazo llamada la “Quinta del saco”- hasta el primer reemplazo de la quinta de 1942, llamada “La Quinta del Biberón” y movilizada en 1938.

Al empezar la guerra pasaron por Líria diversas Columnas de militares, soldados de Infantería y Artillera, así como guardias civiles en dirección al frente de Teruel. Asimismo pasaron Columnas de Milicianos con su abigarrada vestimenta, los más de ellos con gorras, guerreras y pantalones bombachos, botas y en general bien vestidos. También pasaron los camiones que llevaron a “La Columna de Hierro” de significación anarquista a la cuál se enroló un grupo de gente de Líria. Esta Columna, nada proclive a la militarización decretada por el Gobierno presidido por Francisco Largo Caballero, protagonizó un enfrentamiento con las fuerzas de policía y guardias de Asalto tras abandonar el frente y dirigirse a Valencia para protestar por la militarización de las milicias. El enfrentamiento se saldó con varios muertos y heridos frente al Gobierno Civil, lo que les impidió apoderarse del edificio de la Audiencia donde quemaron parte del archivo. Reducidos por las fuerzas del Gobierno fueron devueltos al frente donde se integraron en la División 83 hasta el final de la guerra.

En los casi tres años de guerra, el Ejército Popular no causó daños en propiedades salvo los esporádicos normales de cualquier ocupación. Hasta finales del año 1938, estaba bien vestido según comprobábamos por los militares que venían a Líria a disfrutar de permiso. Tampoco estaban tan mal vestidos como la propaganda posterior nos ha querido hacer creer los innumerables militares que residieron en Líria con carácter permanente, especialmente de organismos de Estado Mayor y Jefaturas.

Combatientes Nacionales


Tercio del Alcázar el día 6 de Octubre de 1936 en Toledo. El primero de la izquierda de pie, cortado por la línea es José Capella Peiró, Requeté de Benaguacil.

Mortero


Mortero y palo para picar arroz con cáscara

Himno de la Juventud Católica

Juventudes Católicas de España,

galardón del Ibérico solar

que lleváis en el fondo del alma

el amor del mas tierno ideal.

Juventud primavera de la vida

Español que es un título inmoral

si la fe del creyente te anima

su laurel la victoria te dará.

Llevar almas de joven a Cristo

Infundir en sus pechos la fe,

ser apóstol o mártir acaso

mis banderas me enseñan a ser

Por bandera y símbolo

la Cruz redentora

que infunde en el ánimo

sombra protectora.

Paz en el espiritu

y sentir el corazón

lleno de esperanza

de firmeza y decisión.

LLeno de esperanza

con el triunfo del amor.

Heredero del historial Hispano

Paladin,soy cruzado de la fe

Caballero español y cristiano

Por la causa del bien lucharé.

Mi sendero la tierra ilumina,

Con destellos de su radiante luz

La misión sacrosanta y divina

De vivir o morir por la Cruz

Llevar almas de joven a Cristo…..

Desfile de la Víctoria, Valencia


Tercio del Alcázar y de Cristo Rey desfilando por Valencia. Esta fotografía está expuesta en el Museo del Círculo San Miguel. Al frente el Comandante de "El Alcazar" D. José Sanz dde Diego. 19 de Abril de 1939

D. Ricardo Rada Peral