miércoles, 21 de noviembre de 2007

EL EJÉRCITO NACIONAL. LOS REQUETÉS.

 

Cuando el día 29 de marzo de 1939 termina la guerra civil en Líria, la primera fuerza militar que penetra en nuestra población sobre la siete de la tarde, es una sección del Tercio de Requetés “El Alcazar”, al mando de Don Rafael Gambra Ciudad, Alférez de dicha Unidad[1]. Los días siguientes empiezan a llegar a Líria, fuerzas de la 152 División al mando del General Don Ricardo Rada Peral[2], que instala su puesto de mando en el Castillo de Benisanó y es el día 31 de dicho mes y año cuando Don Julio Ganzo y Mediavilla, Jefe de los Batallones de prisioneros de guerra nacionales en Líria, hace entrega a Don Francisco Baldrich, Coronel Jefe de la III Agrupación de la citada División, de la Plaza de Líria.

La División estaba compuesta de fuerzas de toda clase, es decir, legionarios, una Bandera de Falange, el VII Tabor de Regulares de Larache, varios batallones de Infantería y los Tercios de Requetés “El Alcazar” y “Cristo Rey”.

Líria y los pueblos limítrofes prácticamente se convirtieron en un campamento militar puesto que las fuerzas que componían la División se desparramaron por todo su partido judicial. Los Tercios de Requetés mencionados se establecieron en Líria, con excepción de la primera Compañía del Tercio de Cristo Rey que fue destinada a Chelva. Lo heterogéneo de las fuerzas nacionales presentaba dentro del perímetro de la población un campo multicolor: los “quepis” de los Regulares, los turbantes de los moros y sobre todo las boinas rojas de los requetés ofrecían un variado abanico de colores en las calles de nuestra población. La Comandancia Militar se estableció en la esquina de la plaza del General Santes y calle de la Libertad donde está situado actualmente el Bar Juanito. La Comandancia de los requetés se ubicó en la calle Mayor, en la casa solariega de “Batallón”.

En términos generales, la tropa estaba instalada en los alrededores de la población, corrales y otras dependencias que no estaban ocupadas normalmente. Como es normal, oficiales, jefes y suboficiales, muchos de ellos se instalaron en domicilios de personas afectas a la causa nacional y los “Imperios”, tanto de oficiales como de suboficiales, se acomodaron en una casa determinada donde hacían sus comidas.

El culto religioso no se restableció en la iglesia de la Asunción hasta casi dos meses después de finalizada la guerra. Sin embargo todos los domingos se celebraba en la Plaza Mayor una misa de campaña a la cual asistía tanto la tropa libre de servicio como el vecindario. Abierta al culto la mencionada iglesia de la Asunción, los domingos la misa Mayor era presidida por fuerzas del Ejército en el presbiterio en unión de las autoridades civiles que habían sido nombradas para la administración de la población.

Nosotros, los entonces adolescentes en cuyos domicilios vivía la llama cálida del Carlismo, los sábados por la tarde asistíamos al culto de “La Sabatina”, que empezó a celebrarse donde está situado el altar de San Miguel Arcángel, y se rezaba ante la Virgen de la Milagrosa que fue la primera repuesta en la iglesia y donada por la familia de Don Luis Martí Ferrando. Prácticamente, la totalidad de los asistentes al acto de “La Sabatina” eran requetés de Acción Católica de los Tercios de “Cristo Rey” y “El Alcazar”. Al final del acto de amor a la Virgen, se entonaba y allí aprendimos el Himno de las Juventudes Católicas.

En términos generales la espiritualidad religiosa estaba a cargo de los requetés. Eran éstos los que ayudaban en la celebración de la Santa Misa, tanto cuando era de campaña como en la iglesia de la Asunción, sin mengua de que también asistiese a dichos actos algún soldado de otras fuerzas.

El día 18 de julio de 1939, después de celebrada una función religiosa por la tarde, un grupo de requetés navarros salieron de la iglesia por todo el paseo público que entonces llegaba hasta la Fábrica de Ríos, cantando canciones alegóricas al Alzamiento Nacional (José Prats Navarro, y el que suscribe, los acompañaron en dicho acto) y recuerda el recopilador que en la calle de San Vicente, frente a la Unión Musical, un Sargento del Tercio de “Cristo Rey”, que se destacaba porque llevaba unas grandes patillas a lo Zumalacárregui, D. Firmo Díaz López Castellano les llamó la atención para que no armaran ninguna bronca, contestándole los requetés que solo cantaban las canciones al son de las cuales habían hecho la guerra. Ya por la tarde, al anochecer, en la Plaza Mayor toda llena de gente y de militares, estos requetés con varios más formaron un corro cantando sin cesar. Cuando entonaban la canción de “... gritaremos ¡Viva el Rey! siempre que nos dé la gana”, una voz dijo “ el de Bastos”, armándose un follón. Unos peleándose con otros hasta que los que insultaron, pusieron pies en polvorosa y los requetés continuaron alegrando el ambiente con la canciones viejas y nuevas del Carlismo.

Los Tercios de Requetés de “El Alcazar” y “Cristo Rey”, tomaron parte en el desfile de la Victoria en Valencia, y estuvieron en Líria destinados hasta el día 10 de octubre de 1939[3].

Su simpatía, su carácter extrovertido de jóvenes e incluso hombres maduros que formaban las unidades fueron modelo y temple en cuya imagen no formamos los que poco después creamos la Juventud Carlista de Líria. Su religiosidad era viva, clara, diáfana. Recuerda el cronista que cuando se celebró la festividad del Corpus Christi, con todas las fuerzas nacionales formando por todo el recorrido de la procesión, la Sagrada Custodia era llevada por los Sacerdotes de Líria y por jóvenes requetés.

Podíamos citar como ejemplo de su religiosidad y entrega cómo asistían a dar clase de catecismo a los niños que aquel año tomaron la primera Comunión y especialmente recordamos a Benito que poco después tomó el hábito franciscano y cómo no a Juan José Laviñeta, oriundo de Valtierra (Navarra) que personalmente enseñó el Catecismo a los hermanos José y Bernardo Servent Marí, preparándolos para tomar la Primera Comunión. O al Sargento Don Vicente Tormes, de Madrid, que era organista de una parroquia de dicha capital y que fue el primero que estrenó el humilde órgano que se adquirió para los servicios parroquiales. Hay tantas anécdotas que podríamos relatar para mostrar que en el ánimo de todos nosotros estaba el espíritu religioso y patriótico de que eran portadores indiscutibles los jóvenes carlistas.

La Comandancia de la División estaba instalada en Benisanó. Fueron varias las representaciones carlistas tanto de Líria como de sus pueblos limítrofes, incluso de Valencia, que se desplazaron al Castillo para saludar al Excmo. Sr. General Jefe de la División, Don Ricardo Rada Peral, quien los atendía con bondad y sencillez y normalmente los obsequiaba con boinas rojas.

De la estancia en Benisanó de la Comandancia de la División hay un dato anecdótico que fue el siguiente: el recordado y entrañable amigo Vicente Navarro Navarro, natural de dicha población, al ser movilizado se pasó a los Nacionales en la Batalla de Brunete en Julio de 1937, ingresando voluntario en el Tercio de Requetés de Navarra, concretamente en su segunda compañía que mandaba el entonces Teniente Don Luis de Zabala Castiella. Cuando Vicente fue movilizado, su mujer se encontraba encinta dando a luz un hijo, el primogénito de la familia. Cuando regresó a Valencia de la guerra conoció a su hijo y su bautizo fue el primero que se celebró después de finalizada la contienda y, como es normal, con la gran alegría y jolgorio de ser el primer bautizo en Benisanó desde 1936. Finalizado el bautismo, tuvo lugar una fiesta general y en dicho acto la banda de música entonó el “Cara al Sol”. Al solicitar los requetés presentes que se entonara también el “Oriamendi”, el director de la Banda contestó que no lo sabía. El Sargento de requetés, natural de Mañeru (Navarra), Don José Iturgaiz, armó el gran follón y como quiera que en aquel momento se presentó el Alcalde para apaciguar los ánimos pero diciendo que había sido él el que había ordenado que se interpretase el “Cara al sol”, le fue incrustado el bombo en su cabeza terminando la fiesta con canciones y vivas al Carlismo.

El Comandante, Don José Sanz de Diego, era un hombre de carácter extremadamente religioso. Asistía en unión de varios oficiales y requetés durante su estancia en Líria a los actos de la Adoración Nocturna con toda su sencillez y amor al Santísimo y obsequió a la Sección de Adoradores con catres-somieres para el servicio de la Sección. Dejó en Líria un grato recuerdo de manera que cuando al cabo de 30 años, el día 28 de julio de 1968, estuvo en Líria en unión de Don Francisco de Isasi, que fue Comandante del “Cristo Rey”, para asistir al acto homenaje que el Círculo San Miguel dedicó a los Tercios Requetés del “Al Alcázar” y “Cristo Rey”, asistieron más de cuatrocientos requetés supervivientes de los mencionados Tercios. Allí recordaron los días memorables que pasaron en Líria en al año 1939.

No obstante, dado el gran número de soldados de todas las armas que se encontraban en nuestra población, también ocurrieron hechos luctuosos. Lo más importante fue el asesinato cometido por un “moro” en la calle de Montiel al penetrar en una casa donde vendían vino y asesinar a la señora que lo servía y a una hermana de ésta que se encontraba presente. No consta que las autoridades militares descubrieran quien fue el autor de tan horrendo crimen. Los moros también cometieron innumerables raterías entrando en corrales anexos al casco de la población y sustrayendo animales. Este hecho fue castigado haciendo pasar a un gran número de moros por delante del Ayuntamiento donde un Alférez de Regulares les hacia arrodillarse propinándoles varios vergajos. El coger alfalfa de los campos para alimentar a los animales fue una cosa corriente tanto por el Ejército Nacional como por el Ejército de la República.

Peleas, riñas o altercados entre los soldados apenas los hubo ya que la Policía Militar intervenía en todo momento.


[1] Comunicación del Sr.Gambra al recopilador mediante carta con fecha 3 de marzo de 1994.

[2] Don Ricardo Rada Peral, Teniente Coronel en 1936, era Inspector Militar del Requeté. Se encontraba en situación de retirado por la “Ley Azaña” el 18 de julio de 1936.

[3] Para prepararse para los desfiles de la Victoria en Madrid y Valencia, los requetés hacían la instrucción en el Campo de Aviación y era entonces, hoy, lo recordamos, una “gozada”, ver a casi un millar de Requetés regresar cansados pero contentos a Líria, después del ejercicio de la instrucción.

EL TERCIO DE REQUETÉS DE LA VIRGEN DE LOS DESAMPARADOS.

Hemos relatado en el trascurso de este trabajo que cuando llegaron a Sevilla nuestros biografiados carlistas, el canónigo Don Benjamín Civera y el comerciante Don Santiago Miralles, ambos de la puebla de Vallbona, les indicaron que en Zaragoza se estaba organizando el Tercio de requetés de la Virgen de los Desamparados y que Miralles, si ellos querían, se encargaría de darles de alta en dicha Unidad, por lo que Vergara, Asensio y Peñarrocha le entregaron un cuestionario con sus datos personales y una fotografía. Ya estando incorporados al Tercio de Requetés de la Virgen de la Merced, recibieron de Miralles, los carnés del Tercio de la Virgen de los Desamparados.

El Tercio de los Desamparados no existió en realidad. Salvador Vilar Palones, natural de Manises, pasado a la zona nacional y que en Zaragoza también intentó entrar en el Tercio de los Desamparados, me comunicó que el Tercio no llegó a actuar por presiones de la gente de la C.E.D.A. y de Falange de Zaragoza que querían organizar la Bandera de Falange Valenciana. La mayoría de los inscritos optaron por ingresar en otras Unidades de requetés u otro tipo de Unidad. Por la proximidad de la liberación de Valencia se inscribieron en la Bandera Valenciana de Falange. Entre los primeros, José Jover solicitó el ingreso en el Tercio del Pilar y Vicente Sancho, ambos de Rafelbuñol, en el de Santiago, los dos tercios aragoneses. ¿Faltó en Zaragoza una organización carlista que se encargara de canalizar a los requetés que se pasaron a la zona nacional?. Sólo podemos decir que tanto el Barón de Cárcer como Don Mariano Puigdollers Oliver, ambos jerarcas del carlismo valenciano y que formaron parte de la Junta Central Carlista de Guerra no tomaron ninguna decisión al respecto.






D. Gregorio Aliaga Lluquet

D. José Mª Santes Vidagany

D. Francisco Carbonell Santes

EL FINAL DE LA GUERRA

 

El Sr. Rodríguez Imaz nos dice en su carta que el día 29, al día siguiente de la caída de Madrid se celebró una manifestación por la victoria nacional. El autor de este trabajo la presenció. Así debió ser, por cuanto en la manifestación que reseña, al llegar a la plaza de Espartero, y abrirse el Círculo Tradicionalista, desde su balcón se dirigió a la muchedumbre, Francisco Carbonell Santes, mientras las campanas de la Iglesia de la Sangre, eran lanzadas al vuelo. La manifestación era presidida según Rodríguez Imaz por la bandera del Círculo Carlista y el Banderín de la Juventud Tradicionalista. La Bandera la llevaba Bautista Seguer Aliaga, prisionero político, y el Banderín Pascual Cebriá Torrent, tocado con boina roja. La escolta la formaban dos prisioneros de guerra, uno de ellos Andrés Martínez, de Cádiz. La manifestación se dirigió por la calle de San Miguel a la calle Mayor, hasta la Plaza de la Republica, hoy Plaza Mayor donde se improvisó un pequeño altar y se oficio la Santa Misa por el Rvdo D. Juan Martín Martínez, ayudaba la misa Pablo Rodríguez Imaz y un requeté de Corella (Navarra). Por lo sucedido y documentos comprobados todo sucedió en dos días. D. Rafael Gambra en carta, nos dice que llegó a Líria al atardecer del día 29 al frente de una Sección del Tercio de Requetés del Alcázar y que contactó con Carlistas de Líria, hombres y mujeres alborozados ante la presencia de los Requetés. El día 30 D. Julio Ganzo entrega a D. Francisco Baldrich Gutiérrez, Teniente Coronel de la Tercera Agrupación de las 152 División, como Comandante Militar de Líria, la población en perfectas condiciones lo que corroboró D. Francisco Baldrich en certificado expedido el día 31 al Sr.Ganzo.

El Ejército de ocupación se hizo cargo del mando militar de la población constituyendo la primera Comisión Gestora, presidida por el Alcalde D. Francisco Arquer Guast, segundo Alcalde D. José Mateu Peris y tercer Alcalde D. Francisco Carbonell Santes. Pocos días después se nombraron los concejales y los cargos políticos y administrativos de la población.

Al historiar este capitulo de la presente publicación contamos con material más que abundante en base al cual, creemos que podemos dar una visión de conjunto de aquellos días esenciales, que finalizaron con la contienda civil de tres años.

Hemos contado con las siguientes fuentes:

A) El tomo III de la “Historia de la ciudad de Líria” de D. Luis Marti Ferrando tantas veces citado.

B) Cuestionario remitido por el autor a D. Antonio Paula Morandeira, perteneciente al Batallón de prisioneros políticos, estacionado en Benisanó que formaba parte de la Junta Clandestina de la Comunión Tradicionalista. Al contestar a dicho cuestionario nos informa de que terminó la guerra en Benisanó y que con los amigos de Falange y carlistas que estaban allí desarmaron a la fuerza pública, armando a los presos de guerra que había en Líria, en donde esperaron a las fuerzas nacionales. A éstas les entregaron todo el armamento recogido como asimismo parques de intendencia y de automovilismo, etc. Durante su permanencia en Benisanó tuvo contacto con Llavata al cual había nombrado Delegado Carlista del Distrito de Líria y estableció contacto con las Margaritas de Líria, especialmente con la hermana de Ferrer “El Tranviario” (madre del autor) que les prestaron una excelente ayuda.

C) Carta del autor a D. Pablo Rodríguez Imaz, prisionero de guerra en la batalla de Belchite y manifestaciones posteriores del mismo en visita realizada a nuestra población con fecha 30 de septiembre de 1993.

D) Carta remitida al autor por D. Rafael Gambra Ciudad, Alférez del Tercio de Requetés de “El Alcázar” de fecha 10 de mayo de 1972.

E) Vivencias del autor del final de la guerra. D. Luis Marti nos dice en su obra citada, pagina 210, que en la madrugada del 28 de marzo de 1939 los estamentos del Ejército republicano habían desaparecido de Líria y que los prisioneros de guerra y políticos desarmaron a sus guardianes y a los restos del Ejército que quedaban en Líria y se hicieron dueños de la población. Este hecho es corroborado por Antonio Paula. Que el Sr. Ganzo Jefe de los Batallones de prisioneros formó una junta militar, formada por prisioneros que se hizo cargo de la población hasta la llegada del Ejército Nacional. Por otra parte, el Juez de 1ª Instancia D.José Blanes Pérez, convocó a varias personas, a saber: Francisco Carbonell Santes, Gregorio Aliaga Lluquet y José Maria Santes Vidagany y Jaime Yuste Pablo, todos carlistas y a Mauricio Martínez, Manuel soriano Llosa y Juan Antonio Martínez Faubel, los dos primeros Falangistas y el tercero de la J.A.P. quienes se hicieron cargo de la alcaldía hasta la constitución de la Primera Comisión Gestora, el 30 de marzo de dicho año, es decir que la Junta Militar de prisioneros duró poco más de veinticuatro horas, así como la posesión de la Alcaldía que se constituyó el día 30.

A su vez los soldados del Ejército Popular evadiendo los varios controles de los nacionales empezaron a llegar a la población desparramándose por las calles cansados y abatidos por la derrota sufrida. Nunca podré olvidar una escena que presencié en la calle Mayor, en la acera al lado de la cerrajería de Miguel Pérez, se encontraban sentados varios soldados republicanos, uno de ellos, sacó del “macuto” unas cebollas, las partió y empezaron a comérselas. ¿ Tendrían hambre aquellos soldados en la flor de su edad?. Lo digo con sinceridad, me dieron tanta lastima, a mi y a mi amigo Francisco Moros que presenciábamos la escena que fuimos al domicilio de Paco, le explicamos lo que sucedía a su madre la Sra. Carmen, que nos dio una “prima” de pan con mezcla y se la llevamos a los soldados que nos dieron las gracias efusivamente.

Al día siguiente José Prats Navarro, Manuel Garzón Carbonell y el que suscribe, nos pusimos en el pecho una escarapela roja y amarilla y nos dirigimos por la carretera de Ademuz con nuestra inocencia e ilusión a esperar a las Fuerzas Nacionales. En dirección contraria a nosotros bajaba una riada inmensa de soldados republicanos, cansados, con las caras curtidas. También encontramos algún camión lleno de soldados en dirección a Líria. La cunetas a ambos lados de la carretera estaban llenas de fusiles, pistolas, machetes y bombas de mano, signo de la derrota de un Ejército que justo es decirlo, lucho con tesón y bravura en casi tres años de guerra. Llegamos a Casinos y desde allí nos volvimos y dando un rodeo, nos fuimos por la carretera de Alcublas. Al llegar a la confluencia con la calle de la entonces calle de “ Los Heroes de Jaca”, y de la Venta, había un control de fuerzas nacionales que se iba haciendo cargo de los soldados republicanos que iban llegando. Recuerdo que llegó un autobús con personal militar, la mayoría cubiertos con gorras de Oficial, que bajaron del vehículo y fueron detenidos. A todo esto la riada de mulos y caballos era impresionante, flacos y en mal estado la mayoría de ellos. Los animales fueron introducidos en los Corrales de la Venta y en el Hort de Agustí. Era tal el número de animales que el mando militar o la Alcaldía hizo un bando público, para que todos los labradores que lo necesitaran para sus labores agrícolas podrían hacerse cargo de los animales. La invitación fue bien acogida y gran número de caballerías fueron entregadas a los que lo solicitaron mediante un recibo, comprometiéndose a devolverlos a la Autoridad militar cuando se les requiriese. Muchos labradores al tiempo de la devolución optaron por comprar al Ejército los animales previo pago de su importe. Como dato curioso tenemos que hace constar, que entre los mulos y caballos llegados a Líria, fue reconocida una Yegua, propiedad del vecino de Líria D. Valentin Verdeguer Cherp, que se le había decomisado por el Ejército de la Republica en una de las Levas realizadas para la caballería del Ejército Popular.

En cuanto a la mayoría de los soldados fueron conducidos en agotadoras marchas a pie al campo de concentración de Pina (Cuenca) a la espera de su clasificación. Muchos de ellos pasaron varios meses hasta que pudieron volver a sus poblaciones de origen, otros no tuvieron esta suerte y sufrieron cautiverio y cárcel. Triste final para muchos que no tuvieron ninguna culpa del enfrentamiento fraticida, puesto que la mayoría eran soldados de los reemplazos movilizados durante la guerra en uno y otro bando.

Con las tropas nacionales, compuestas de gentes las cuales el Alzamiento había triunfado inicialmente, en la mayoría de los casos -en otros no-, nos llevaron canciones de sus tierras. Los asturianos el “Asturias Patria querida”, los santanderinos canciones de la montaña y del mar, los castellanos “Madre cuando voy a leña”, los navarros con su “Adiós Pamplona” y “Los Sanfermines”. Los aragoneses con sus cantos al Pilar y los andaluces con sus cantos nostálgicos “Los colores” adaptados a letra nueva, así como otras canciones de su folklore. La popular “Chaparrita”, aunque de canciones nacidas al calor de la guerra o nacidas al aludir a una situación bélica o personal entre las que sacamos las siguientes:

Somos los del tercio Lácar

Los que arrastran el capote,

Los que tiran de cuchillo

Por el día y la noche.

Al Tercio Lacar no hay que comparar

¿Por qué?

Porque es un Tercio muy popular

Habiendo vino siempre hay buen humor

Y si hay mujeres mucho mejor

Aunque el general es joven,

Y tiene cara de niño

Hay que joderse señores

Cuando opera Valiño.

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“Chaparrita”

Chaparrita la divina,

La que va por la mañana,

Al templo para rezar

A Dios le pide y le implora

Que le dé un marido eterno

A su seno virginal.

Me da besos a montones,

Y sabrosos mordiscones

Que a veces me hacen llorar

Ella a veces también llora

El llanto la descolora

Pero se vuelve a juntar.

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“Castellana”

Madre cuando voy a leña

Se me olvidan los ramales

Madre me ha mirado una moza

Que vive en los arrabales.

Tengo que subir al arbol,

Tengo que coger la flor

Y dársela a mi morena

Que la ponga en el balcón.

Que la ponga en le balcón

Que la deje de poner

Tengo que subir al árbol

Y la flor he de coger.

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“Santanderina”

La montaña es un jardín,

Las montañesas las flores,

Si quieres vivir feliz

Cría en la montaña amores.

¡Que viva la montaña madre!

¡Que vivan las montañesas!

Y las chicas de este pueblo,

Que con los dientes rompen la mesa.

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“Navarras”

Adios Pamplona,

Pamplona de mi querer,

Mi querer.

Adiós Pamplona

¿Cuándo te volveré a ver?

No me marcho por las chicas

Que las chicas guapas son,

¡guapas son!

¡guapas son!

Me marcho porque me llaman

A defender la nación.

Es Fal Conde nuestro Jefe,

De todos, el que más vale,

Y a sus requetés valientes

no se los merienda nadie.

Se levantó, se levantó,

El Requeté para luchar, para vencer,

A los rojos y demás,

Que han querido traicionar,

A nuestra España inmortal.

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“Valenciana”

Por los caminos de tus vergeles,

Van los soldados de mis legiones

Ciñen sus frentes verdes laureles

Vierten sus labios rudas canciones.

Tu sol bendito más puro llega,

Sobre los pliegues de mi bandera.

Gloria y sudario de los soldados

Que dan las madres de raza y vera.

Valencia, Valencia,

todas tus penas calmarán mis dulces amores

Valencia, Valencia

tus naranjos y tus flores con vigor florecerán

Valencia querida, aunque es grande tu martirio,

La Patria te salvará.

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Andaluzas.

(Música de “Colores”).

El que diga, el que diga,

Que España se pierde,

mientras los carlistas estemos aquí,

es un vil, un traidor, y un canalla

a España, y merece morir.

Con fe y claridad, la Patria salvad

Carlistas venid, carlistas llegad.

Con fe y caridad, la patria salvad.

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Algunas de las canciones, quizás pecaban de ingenuidad pero, situándonos en aquellos tiempos, podemos valorar el espíritu con que vivían que para la juventud de la zona nacional, en su mayoría la lucha revestía el carácter de “Cruzada” para la salvación de la España católica.

Luis Pérez Peñarrocha


Combatiente republicano

Francisco Soriano Peris


Soldado del Regimiento de Caballeria de Montesa, de guarnición en Barcelona

Francisco Soriano Peris


En el frente con varios amigos

D. Pascual Ibáñez Carpio y D. Pascual Castellano Vidagany


55 Brigada Mixta - 229 Batallón

Pascual Espí Gorrea, certificado

Pascual Espí Gorrea


Conductor de tanques de Llíria.
8 de Febrero de 1914 - 18 de Abril de 1983

PASCUAL ESPÍ GORREA, COMBATIENTE DEL EJÉRCITO POPULAR DE LA REPÚBLICA.

 

Pascual Espí Gorrea nació en Líria el 8 de febrero de 1914, no hizo el servicio militar. El 18 de julio de 1936, Pascual estaba afiliado a la U.G.T. Era de ideas republicanas, como el resto de su familia. Trabajaban todos en la fábrica de destilación de alcohol de Líria, propiedad de Tonica “La Viuda”, la cual tenía además de dicho establecimiento, una tienda de expedición de bebidas alcohólicas que era conocida como “La Taberna de la Viuda”, situada en la hoy calle de Colón, esquina con la calle del Duque de Líria o carretera de Ademúz, edificio señero y de grandes dimensiones. El colador, es decir donde se hacía el alcohol, estaba situado en la calle de la Venta, entonces de “Los Héroes de Jaca”, en honor a los militares sublevados en diciembre de 1930 contra la monarquía y que fueron juzgados en consejo de guerra y fusilados. En Líria, al igual que en otras poblaciones de España, al proclamarse la República, le fueron dedicadas plazas y calles con gran profusión. En el lugar donde estaba situada la placa del nombre de la calle, se produjo como relatamos cuando hablamos de la Falange en Líria en 1936, un incidente que tuvo especial resonancia en la población.

El día 18 de julio de 1936 era domingo y el personal que trabajaba para la viuda, decidió irse a comer al pantano de Benageber, distante de Líria unos 35 kilómetros. Se desplazaron en el camión propiedad de Manuel “El Gallo”. Cuando estaban comiendo una paella, un vigilante del pantano les informó de que se había producido una sublevación del Ejército contra la República por lo que decidieron levantar el campo y regresar a Líria. Al llegar a la población se dieron cuenta del clima de excitación que reinaba entre el vecindario. No obstante, al día siguiente, lunes, se incorporaron al trabajo, observando que las primeras barricadas de sacos terreros estaban instalándose ya en los accesos a la población y carreteras confluyentes. Ya proliferaban los “escopeteros”, llamados así porque eran componentes de la “Guardia Cívica” creada por el Comité Local armados con escopetas. Delante del colador existía el Hospital Local atendido por religiosas de los Ancianos Desamparados con las cuales los trabajadores del colador habían trabado una gran amistad. Éstas le solicitaron al padre de Pascual que les guardasen en el establecimiento los objetos de culto y ornamentos sagrados, a lo cual, éste accedió colocándolo todo en dos barricas de 800 litros que calafateó debidamente, guardándolas hasta el final de la guerra.

Relata Pascual que en el mes de agosto, él y varios amigos, así como varios trabajadores del Colador, acordaron sentar plaza como voluntarios en el Ejército Republicano, marchándose algunos de ellos, sin despedirse de las familias, en número de 22, llegando a Burjasot donde en un Núcleo militar que se había formado allí se presentaron como voluntarios, siendo admitidos.

Nos relató Pascual, aunque no dice los nombres y apellidos de los que fueron con él, que junto a él estaban “El Pellero”, “El Moreno”, “Cabrelles” y “El Ferrero”, entre otros. En principio los destinaron a trabajar a una fábrica de sacos y a hacer instrucción por la tarde. Estuvieron en esa situación unos dos meses y posteriormente fueron trasladados a Gandia y a los pocos días a Beniopa, donde les dieron uniforme militar que se componía de una camisa caqui, cazadora a cuadros, pantalones largos y zapatos, así como de ropa interior. Todos ellos ingresaron en la XXII Brigada Mixta ya que se encontraban ya a últimos de octubre y se había producido por parte del Gobierno Republicano, la creación de las citadas Brigadas Mixtas.

El jefe de la Compañia era natural de Torrente y todos los componentes de la Brigada, salvo alguna excepción eran valencianos. La primera marcha la realizaron a Puebla de Valverde (Teruel) relevando a la Columna de Hierro, de la que Pascual nos dejó detalles de la indisciplina que reinaba en dicha Unidad y que, sobre todo, se oponía a su militarización. Así como de la existencia entre ellos de “mujerzuelas” (la palabra es literal del testimonio) que fueron despedidas del lugar donde se asentó la Brigada.

Pocos días después, la Unidad fue trasladada a Rubielos de Mora (Teruel), donde tuvieron varios enfrentamientos con fuerzas de los “rebeldes”, especialmente con guardias civiles. Allí estuvieron varios meses, interviniendo en el primer ataque a Teruel, en el que fracasaron. El frente se estacionó durante varios meses hasta que a últimos de 1937, se produjo la batalla decisiva para la ocupación de la capital turolense.

Nos relató Pascual el ambiente de euforia que reinaba entre los combatientes republicanos, en la creación del “Hogar del Soldado”, en los caseríos que ocupaban, en uno de los cuales se encontraron pocos meses después durante la retirada de Alfambra con el Maestro Nacional de Líria, Don Manuel Miguel Cintero que estaba a cargo de una escuela de analfabetos. Asimismo también se encontraron en la XXXIX División de la que formaba parte la Brigada, que la banda de música de la División la dirigía Don Juan Garcés Queralt, quien finalizada la guerra, en los años 40, sería director de la Unión Musical de Líria.

En octubre a noviembre de 1937, empezaron a llegar al sector de la Brigada numerosas fuerzas de elite del Ejército Republicano, entre ellas la XI División mandada por Enrique Líster, la XXXV División mandada por Valentín González “El Campesino”, Unidades de tanques rusos T-26 (llamados así por ser de 26 toneladas), gran cantidad de artillería y blindados que poco a poco fueron tomando posiciones cercanas a Teruel por lo que se intuía el comienzo de una gran ofensiva en dirección a dicha capital.

Pascual continuó su relato de cómo empezó la denominada “Batalla de Teruel”, infiltrándose las fuerzas republicanas desde las Celadas hacia Concú, con lo que a los tres días la ciudad quedó cercada, llegándose después de fuertes combates al centro de la población y cercando a los combatientes dentro de edificios de gran fortaleza arquitectónica como fueron el Seminario, Banco de España, catedral y otros. El jefe de las fuerzas nacionales era el coronel Rey D´Hancourt.

Asimismo a últimos ya del mes de diciembre se inició la contraofensiva nacional con gran potencia de medios por lo que el 28 o 29 de diciembre alcanzaron barrios periféricos de Teruel. Pero en la noche del 31, cayó una gran nevada que cubrió toda la geografía turolense e hizo bajar las temperaturas a menos de 20 grados negativos, lo que imposibilitó toda acción militar.

Pascual nos manifestó la gran cantidad de congelaciones entre los militares y que tuvo que ser evacuado en pésimas condiciones. Los congelados eran atendidos provisionalmente en el hospital de campaña para luego ser enviados a hospitales permanentes. Su relato continuó explicando cómo con el inicio de la contraofensiva nacional, que conllevó posteriormente a la Batalla de Alfambra y la rendición de los reductos de Teruel, el Ejército de la República inició una retirada perseguido por el Nacional hasta el Mediterráneo, cortando en Vinaroz en dos el territorio republicano. La XXXIX División quedó en la parte valenciana.

El día 28 de abril de 1938, Pascual resultó herido al explotar un obús en la posición que comandaba, muriendo varios soldados y teniendo que ser evacuado al hospital de campaña, donde se le hizo la primera cura, para ser trasladado después a Villalba la Vieja y de allí a Mora de Rubielos donde fueron embarcados en un tren de heridos a Valencia. En la capital del Turia fueron ingresados en el hospital militar “La Pasionaria”.

En dicho hospital fue reconocido por un enfermero que era de Líria, el cual avisó a sus familiares que fueron a visitarle. Cuando se le concedió un permiso a Pascual, les devolvió la visita a Líria donde fue atendido por sus familiares. Cuando fue dado de alta en el hospital, ya que estaba en posesión de permiso de conducir, tuvo la ocasión de realizar un cursillo de conductor de tanques, haciendo en principio prácticas con un camión Berliet de 12 toneladas. Posteriormente se le destinó a la Escuela de Conductores de Tanques de Archena, donde realizó otro cursillo que le capacitó para la conducción de dichos vehículos.

En octubre de 1938, la tercera compañía, segundo batallón de la primera Brigada de blindados fue trasladada la Frente de Levante, ya que se había lanzado por el Ejército Republicano en el Sector de Nules una ofensiva destinada a distraer fuerzas nacionales de la Batalla del Ebro, ofensiva que resultó infructuosa. En el presente trabajo aportamos el certificado a favor de Pascual que le acreditaba como conductor de tanques, firmado por Don José Nieto Babiano, Mayor Jefe de la Primera Brigada de la Agrupación de la Zona Centro-Sur.

En esta situación quedó la citada Unidad de la que formaba parte Pascual a caballo de la línea fortificada denominada “XYZ” que empezaba en Almenara (Castellón) y finalizaba en Santa Cruz de Moya del Partido Judicial de Ademúz.

Finalizada la guerra, Pascual, después de varias vicisitudes llegó a Valencia, y logró llegar a Paterna donde tomó el tren de vía eléctrica hacia Líria. Al ver que en todas las estaciones en que paraba el tren la Guardia Civil detenía a los soldados que bajaban, antes de llegar a Líria, en la subida de Benaguacil, saltó a tierra y por la noche entró en Líria por el Pont del Vidre llegando así al domicilio de sus padres.

Allí estuvo varios días hasta con un amigo suyo apodado “El Blanco” se marcharon ambos a pie hasta un corral de ganado, propiedad del padre de este situado en el paraje de “La Concordia”. A los pocos días recibió un recado de Tonica “La Viuda” para que se presentara en Líria y continuase su trabajo en el Colador. Lo cual hizo, solventándole las dificultades que pudiera tener Mauricio Martínez Martínez, entonces Jefe Local de Falange. Continuó su trabajo, pasando luego a la expendeduría de bebidas. Posteriormente fijó su domicilio en Manises donde adquirió en traspaso un establecimiento de comidas que regentaba el vecino de Manises Salvador Vilar Palones. En dicho establecimiento que Pascual y sus hijos acreditaron sobre manera crió y educó a sus hijos Francisco, Pascual, Miguel y Salvador, en unión de su querida y recordada esposa Encarnación Cotanda Civera.

Jubilado Pascual, traspasó el local. El autor realizó el contrato y adquirió un pequeño chalet en la presa de la Cañada que aún conserva la familia, su residencia oficial en Manises, en unos pasos de nueva construcción en El Salto del Moro. Pascual falleció el día 18 de abril de 1983, fiel a sus ideales republicanos y a la honestidad demostrada durante toda su vida.

A su recuerdo y la amistad entrañable que nos unió con Pascual y nos une con su esposa e hijos, con afecto y gratitud el autor.

Finalizada la guerra, los trabajadores del Colador de la Viuda, devolvieron los objetos de culto y ornamentos que habían tenido escondidos toda la guerra a las religiosas del hospital de Líria.

D. Vicente Faubel Morató


Combatiente republicano

D. Vicente Faubel Morató

En el frente, el último por la derecha.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

VICENTE FAUBEL MORATÓ.

 

Natural de Líria, fallecido en 2005, pertenecía el 18 de julio de 1936 a la Juventud de Izquierda Republicana, ideales de los que nunca adjuró. Sobre él, publicó el profesor Pascual Marzal Rodríguez, vecino de Ribarroja, en el Boletín de la Asociación Cultural de Amigos del Museo Histórico-Militar de Valencia un pequeño trabajo en el que relataba su actuación en la guerra civil de 1936-39[1]. De dicho trabajo tomo casi literalmente los siguientes datos.

Vicente Faubel se alistó en el “Batallón Azaña” junto a otros voluntarios de Líria para combatir a los sublevados en el frente de Teruel. Esta unidad fue incluida, para mejorar su capacidad ofensiva, dentro de la Columna Eixea-Uribes, cuyo nombre procedía de los dos mandos que la dirigían: el teniente coronel Eixea y el diputado del PCE José Antonio Uribe. La dualidad de mandos se reflejaba igualmente en su composición en la que se mezclaban milicianos de diferentes partidos y militares, como las tres compañías de infantería del Regimiento número 9, y varias secciones de caballería, zapadores, intendencia, aunque predominaba el peso del voluntariado civil.

La unidad fue situada al sudoeste de la capital turolense, entre las localidades de Cubla, Villel y Rojas, y armada con dos ametralladoras, cinco morteros de 81 mm y diez de 50 mm. Vicente Faubel fue asignado a una de las piezas de 81 mm.

La precariedad de este armamento y la inexperiencia de los milicianos quedó reflejada desde el primer momento. La mayoría de las piezas carecían de algún elemento de tiro –soportes, telémetros, etc.- y la carga de los proyectiles causaba numerosos accidentes. Ya en el otoño del 36, algunos asesores soviéticos les instruyeron para garantizar la efectividad de los disparos que realizaban. Con todo, su situación no era tan penosa como la de otras columnas, ya que la mayoría de sus miembros contaba con algún fusil, mosquetón o carabina.

La principal acción militar en que se vería envuelta la Columna Eixea-Uribe sería el intento, a finales de 1936, de cortar la carretera de Zaragoza. Sin embargo, esta acción se frustró y fue aprovechada por el teniente coronel Eixea para pasarse a los sublevados. Después quedaría estática en el frente que guarnecía hasta que fue militarizada en marzo de 1937, aunque algunas de sus unidades peregrinarían eventualmente por la zona de Málaga y Córdoba.

Las tropas que integraban la Columna fueron redistribuidas en marzo de 1937 en diferentes Brigadas Mixtas. Vicente Faubel, con algunos de sus compañeros y paisanos pasaron a la 105 Brigada Mixta, formada en las ciudades de Alicante y Valencia con los reemplazos de 1932 a 1935. Sus jefes serían el coronel de Infantería, Esteban Domingo Pina, Jefe de Estado Mayor, el oficial de milicias Daniel Fernández, y como comisario un hombre del PCE: Pedro Orgaz Librero[2].

La organización interna de la Unidad se diferenciaba poco de la mayoría de las Brigadas del ejército republicano: con cuatro batallones de infantería, los números 417, 418, 419 y 420, alrededor de los cuales podían o no reunirse otras unidades. En un documento de 2 de octubre de 1937, junto a los batallones citados, todavía se hacía constar que únicamente el cuerpo de Intendencia funcionaba con normalidad. El de Sanidad carecía de personal técnico, el de Transmisiones y Zapadores de material, y el Cuerpo de Tren estaba “en organización”. En el mismo documento se aporta la filiación política de toda la tropa: 1.316 de UGT; 753 de CNT; 157 republicanos; 191 de la JSU; 10 del Partido Socialista Unificado; 48 del Partido Socialista; 169 del Partido Comunista; 3 del Partido Sindicalista y 756 sin partido ni sindicato[3].

La Brigada 105 participó en la batalla de Brunete donde ocupó Villanueva del Pardillo, el 9 de julio. En la zona de Zarzalejo-Valquemado se enfrentó a varios ataques del ejército nacionalista que le ocasionaron numerosas bajas, especialmente en la Loma Negra, y le obligaron a retirarse a la orilla derecha del río Aulencia.

Tras estas operaciones fue llevada al sector de Las Rozas, en Madrid, bajo un nuevo jefe: el mayor de milicias Silverio Castañón Rodríguez. Allí estuvo inactiva hasta que la ofensiva sobre Valencia obligó a desplazarla a la zona levantina[4]. Fue situada frente a las poblaciones de Canales y Andilla y quedó en primera línea cuando las tropas republicanas perdieron el vértice de Peña Salada. No comparto la afirmación de Engel relativa a que su participación en estos combates fue “prácticamente nula”. Y no lo estoy porque hubo varios intentos de romper el frente por la zona del Resinero que fueron frenados por la 105. Además, y con el objeto de distraer tropas nacionales en el Ebro, fueron lanzados varios ataques republicanos en el mes de septiembre que les causaron numerosas bajas. El comisario de la 101 División, a la que pertenecía esta Brigada durante el verano de 1938, expresaba el 7 de agosto que: “La 105 Brigada es una unidad fogueada, con ardor combativo y con gran capacidad de resistencia. Pero no es menos cierto que los combates que últimamente ha librado, la situación en que algunos de sus batallones se encuentran de no poder moverse la tropa de la línea, trae como consecuencia el que esta fuerza esté agotada físicamente y precise, como es natural, de un descanso. A esto hay que agregar tanto para esta brigada como para las otras, el que de un tiempo a esta parte, la alimentación de la tropa es deficiente e incapaz de restablecer las energías que en su trabajo pierden. En los combates que ha tenido ha sufrido bajas de consideración y entre ellas a hombres que significaban mucho para la moral de las fuerzas, ya que eran mandos o comisarios de gran solvencia entre ellos y en los que por consiguiente tenían depositada toda su confianza”[5].

Durante estos meses, Vicente Faubel pertenecía a la compañía de Transmisiones como miembro de una cadena de enlace. Gracias a ella y a la falta de aparatos de comunicaciones, las diferentes órdenes llegaban por este medio a todas las Unidades. La situación de la brigada como hemos dicho, empeoró en el mes de septiembre y estuvo a punto de ceder ante la presión de los nacionales. Y este hecho se comprueba en que la mayor parte de la documentación de este periodo se encuentra desaparecida o en mal estado. Además, el 419 Batallón defendía las trincheras de la Peña del Diablo de las que saltaron al vacío varios soldados republicanos cuando fueron atacados por tropas moras. El parte del comisariado de este Batallón llegó a expresar el 8 de septiembre que “Como ejemplo de la moral de la fuerza cita la de las que guarnecen Peña del Diablo en la cual ha tenido que ser relevado el Jefe de la posición por el mucho miedo que tenía pues la situación de esta posición es bastante difícil pues es batida perfectamente por ambos flancos por lo que en opinión del informante si el enemigo atacara con intensidad sería fácilmente cercada”[6]. Unas horas antes de formularse estas palabras el 418 Batallón y la 2ª Compañía del 420 perdieron casi todos sus hombres, reconquistando las posiciones que luego fueron nuevamente perdidas.

A principios de 1939, y cuando ya se preveía el derrumbamiento total del frente catalán, fue enviada la 105 a Extremadura para formar parte de la ofensiva sobre Peñarroya. En esta acción llegó a ocupar Hinojosa del Duque y defendió la línea de Sierra Trapera-Mano de Hierro[7]. Allí le llegó el final de la guerra a Vicente Faubel, que fue internado, junto con la mayoría de sus compañeros, en el campo de concentración de Castuera. Unos meses después volvió a Liria donde se casó.

Vicente Faubel Morató, apodado “el redó”, aparte de ser fiel a los ideales republicanos que defendió en el campo de batalla fue un enamorado del ciclismo siendo socio fundador de la peña “Pedal” antes de la guerra que existe todavía hoy. Fue un hombre honesto, amigo leal y voluntarioso y asimismo un enamorado del clarín, por lo que era socio de la Banda Primitiva.


[1] Marzal Rodríguez, Pascual. “La guerra de Vicente Faubel”, Boletín de la Asociación de Amigos del Museo Histórico Militar de Valencia, nº 2, diciembre del 2001. Este artículo es el homenaje del autor a Vicente Faubel con quien mantuvo una fructífera amistad y varias entrevistas.

[2] Carlos Engel, “Historia de las Brigadas Mixtas del Ejército Popular de la República: 1936-1939”, Almena, Madrid, 1999, p 97.

[3] Archivo Militar de Ávila, Documentación Roja, Legajo 1233, Carpeta nº 2.

[4] Carlos Engel, op cit, p 97.

[5] Archivo Militar de Ávila, Documentación Roja, legajo 1127, carpeta nº 20, División 101-R, Estado Mayor, informes del Comisariado de esta División.

[6] Archivo Militar de Ávila, Documentación Roja, legajo 1233, carpeta 1, 105 Brigada Mixta, Estado Mayor, actas de reunión del Comisariado de esta Brigada.

[7] Carlos Engel, op cit, p 97.

D. Ángel Cotanda Torres

Carnet

CANCIÓN DE LA 3ª ESCUADRILLA, Grupo 26, escuadra 11, Ejército del Aire.

 

(Música de la “Pobre Tomasa”)

En la tercera escuadrilla,

Hay pilotos con tesón,

Que combaten contra el Fascio

Dando orgullo a la Nación.

Estos bravos luchadores,

Mueren por un ideal

Para convertir a España,

En suelo de libertad.

Tenemos a Nieto,

Bravo luchador;

Santander “el fino”

Tremosa, el valor.

Montagud,

Gato viejo,

Hoy todos lo conocemos

Por sus planes y demás.

HIMNO DE LOS MECÁNICOS DE AVIACIÓN

 

(Música de la zarzuela Katiuska)

Los mecánicos que van a partir

Muy contentos van al avión

A trabajar en las bajas

Que la canalla facciosa

Causa a nuestra aviación.

Trabajar, trabajar para vencer

La aviación roja es, ha sido,

Y siempre será invencible

En su valor,

Cariño sin igual, tengamos a los

Motores que nos dan la libertad…

Volverán a levantar el vuelo

Sembrarán metralla de libertad

Volverán de nuevo a su suelo

Volverán de nuevo a entablar duelo

Y si alguno lo hieren de nuevo

Se volverá a reparar.

ANGEL COTANDA TORRES, MECÁNICO DE AVIACIÓN EN EL EJÉRCITO DE LA REPÚBLICA.

 

Angel Cotanda Torres nació en Líria el 6 de enero de 1920 en la calle de la Purísima nº 24, sus padres eran Francisco Cotanda Bori y Antonia Torres Gil. Su padre era herrero, especializado en la fabricación de arados y otros aperos para la agricultura. El primero de los hijos fue Francisco, el segundo Ángel y el tercero, una niña, Vicenta. Sus padres eran republicanos de ideas y se las transmitieron a Francisco y a Ángel, y se acrecentaron al implantarse la 2ª República en 1931. El 18 de julio de 1936, Ángel tenía 16 años. Su hermano Francisco se había incorporado como voluntario en la Aviación prestando sus servicios en la Escuela de Mecánica de Aviación de Godella. Ángel, por consejo de su hermano Francisco se incorporó asimismo en el mes de julio de 1937 al arma de Aviación pasando un examen previo en la Escuela Industrial de Valencia y tras aprobar fue destinado junto a su hermano Francisco en Godella.

Posteriormente, tras superar un curso de tres meses fue ascendido a sargento cuando su hermano Francisco era ya teniente en la Escuela. Seguidamente Ángel fue destinado al aeródromo de Alcantarilla (Murcia) donde estaba el cuadro de mecánicos de Aviación y desde Alcantarilla, a los pocos días, al Aeródromo de Sabadell (Barcelona) donde estaba formándose la 4ª Escuadrilla de “Chatos”, al mando del teniente Rico, hijo del entonces alcalde de Madrid, Pedro Rico.

A los pocos días, desde Sabadell fue destinado al aeródromo de Líria donde se encontraba la 11ª Escuadra de “Chatos”. Ángel relató al autor de este trabajo que la Jefatura de Aviación en Líria se encontraba en la casa solariega de Juan Izquierdo Alcaide, que entonces estaba en la calle del mismo nombre, hoy calle de Augusto Roca Borrut.

Ángel en el campo de aviación de Líria se relacionó con diversos pilotos de nacionalidad rusa, caracterizados por ser gente muy correcta en sus formas y de un trato amable y educado.

A los quince días fue destinado al aeródromo de El Toro (Cuenca) donde estaba situada la 3ª Escuadrilla de “Chatos”. El jefe de dicha escuadrilla era el teniente Chindasvinto, militar profesional en activo el 18 de julio. Los aviones eran, por supuesto de fabricación rusa, los Polikarpov i-16, aparatos magníficos y superiores a los que entonces tenían los nacionales. Situación que duró hasta que llegaron a España los Me-109 y 110 de fabricación alemana.

Entre los pilotos de la 3ª Escuadrilla de “Chatos”, Ángel recordaba con cariño a Rafael Belda Landete, hijo de una familia republicana de Manises. La familia estaba formada por los hermanos Gervasio, Francisco y Ricardo, además de una hermana llamada Remedios, y tenía un taller mecánico.

Era gente muy apreciada en la población de Manises donde los conoció el autor de este trabajo mientras servía en el Juzgado Comarcal de dicha población en la posguerra.

Ángel relató la gran amistad que se forjó entre los pilotos y los mecánicos adscritos a la Escuadrilla, sobre todo, con Comas, Zambudio, Vicente Zarzo (natural de Benaguacil) y Nieto, entre otros. Según Ángel, la 3ª Escuadrilla de “Chatos” tomó parte prácticamente en todas las acciones bélicas que hubo en Levante al final de la guerra, especialmente en la batalla de Teruel, con la toma de dicha capital y la subsiguiente contraofensiva nacional que reconquistó la capital aragonesa el 2 de enero de 1938. La contraofensiva finalizó, como ya es sabido, con la división en dos partes del territorio que dominaban los republicanos.

La 3ª de “Chatos”, en dichos combates, actuó desde los aeródromos de Manises, Sarrión y Barracas (estas dos últimas en Teruel).

En la partida de la Reva, cerca de Ribarroja, se reparaban los aviones averiados. La ofensiva republicana que se inició el 25 de julio de 1938 con el paso del Ebro fue apoyada por la 3ª Escuadrilla de “Chatos” hasta su finalización el 18 de noviembre de dicho año, operando desde los aeródromos de Monjos y Phas (ambos en Barcelona). Estando la escuadrilla en Monjos sufrió un bombardeo de la aviación nacional, resultando herido el teniente Comas que fue trasladado a un hospital donde se le amputó una pierna y muerto el motorista de la Escuadrilla[1]. Por la baja del teniente Comas se hizo cargo de la Escuadrilla el teniente Zambudio[2] que resultó herido también posteriormente por lo que fue a su vez sustituido por el teniente Belda, quien murió en combate aéreo en plena batalla del Ebro.

Al reiniciarse la contraofensiva que pretendía recuperar Cataluña, el 23 de diciembre de 1938, la escuadrilla operó desde los aeródromos de Balaguer, Tremp, Candarno y Bujarabo hasta que derrotado el Ejército de la República, los componentes de la escuadrilla pasaron la frontera con sus aviones. Los mecánicos pasaron a su vez por el paso de Espolla. Pilotos y mecánicos ingresaron en el campo de concentración de Gurs (departamento de Gers, Francia), junto al mar. Allí estuvieron custodiados por tropas senegalesas que se distinguieron por el mal trato a los prisioneros.

Los primeros cinco o seis días tuvieron que aguantar el sol tórrido y las ventiscas con la ropa con la que habían llegado y sin probar un solo bocado. A primeros de mayo, Ángel y otros prisioneros fueron trasladados a España en camiones por el paso fronterizo de Irún, ingresando en el campo de concentración de la Magdalena (Santander). Ángel fue liberado previo aval remitido desde Líria, regresando a Líria el día de Corpus Christi. Recordaba Ángel que las tropas que custodiaban el campo de la Magdalena eran requetés que los bien trataron en términos generales, no así las tropas de reemplazo que los sustituyeron. Llegado a Líria, se reincorporó junto a su hermano Francisco al trabajo en el taller familiar.

Finalizado el régimen franquista a Ángel le fue reconocido el grado de comandante de Ejército Español y a su hermano Francisco el de teniente coronel. Ángel se afilió a la Asociación de Veteranos del Ejército de la República en el Ejército del Aire participando de varias de sus convenciones.

He anotado algunos detalles referentes a las acciones bélicas en las que intervinieron Comas y Zambudio por la especial amistad que tuvieron con Ángel Cotanda Torres. Como éste, fueron fieles a sus convicciones políticas, cuya lealtad les honra como a tantos y tantos otros jóvenes que lucharon en la guerra civil en uno u otro bando.


[1] En el libro de Jesús Salas Larrazabal “La guerra española desde el aire”, hay datos referentes a los componentes de la 3ª Escuadrilla, especialmente Comas, Zambudio, Castillo y otros, pero no de Chindasvisto ni de Rafael Belda Landete.

Juan Comas Borras al empezar la guerra se incorporó a la aeronáutica naval y en el mes de agosto fue destinado al aeródromo de San Javier (Murcia). En enero de 1937 fue destinado a la escuadrilla de caza de Alonso Santamaría que operaba desde Lérida, Castejón y carrión. Destinado al frente norte por poco tiempo, fue enviado al frente centro y de allí al mando de la 3ª Escuadrilla de “Chatos” en Figueras siendo allí nombrado teniente el mismo día que Zambudio y otros de sus compañeros. En octubre, actuó desde Reus y en noviembre a Barracas desde donde participó en la batalla de Teruel. El 13 de marzo de 1938 ascendió a capitán junto a otros de sus compañeros. El 15 de mayo de 1938, al ser herido en bombardeo fue trasladado al hospital de Torrente (Valencia) donde como ya he dicho, le fue amputada una pierna. Pese a perder la pierna, Comas todavía participó en la batalla del Ebro como piloto, siendo ascendido a comandante el 17 de noviembre de 1938. Al acabar la guerra volvió a su pueblo natal en Cataluña donde fue entrevistado por Ángel Salas en 1971.

[2] Miguel Zambudio Martínez, al empezar la guerra se incorporó al aeródromo de Reus y de allí pasó a la Escuela de Cazas. Desde allí sirvió en le frente norte hasta el 23 de marzo de 1937. El 19 de septiembre de 1937, según salió publicado en el Diario Oficial del Ejército de la República nº 228, en plena batalla del Ebro, mandó la 3ª de “Chatos”. En noviembre, nominado jefe del Grupo 28, en sustitución de Comas, fue ascendido a capitán por orden nº 295 del Ministerio de Defensa de 11 de noviembre de 1938, tomando parte de la campaña de Cataluña y pasando la frontera al finalizar esta pasó con los otros compañeros al campo de Gers. En 1971, cuando se publicó la obra de Jesús Salas Larrazabal a que he hecho referencia todavía residía en Francia, regresando a España en 1976.

jueves, 1 de noviembre de 2007

Antonio Pérez Real

AntonioPerez

Antonio Pérez Real

AntonoPerea

Con el uniforme de Conductor de tanques en Madrid, 1938

Antonio Pérez Real, combatiente del ejército de la República.

 

Antonio Pérez Real no era natural de Líria ya que nació en Montilla (Córdoba) el 2 de marzo de 1918 -por lo tanto pertenecía a la quinta de 1939- pero a partir de la segunda mitad de la década de los 40 vino a vivir a Líria con su hermano Manuel.

Antonio era de una familia de ideas izquierdistas, hijo de Francisco y de Carmen, y como tantos andaluces, en los años de preguerra vivía del trabajo agrícola. Al ser vecino de Montilla trabajaba largas temporadas en la industria de vinos “Alvear”, propiedad del Conde de la Cortina, que por cierto era carlista y se sublevó en 1873 a favor de Carlos VII. Antonio manifestó el afecto y la consideración que el Conde de la Cortina tenía con toda la población de Montilla ya que muchos de sus vecinos trabajaban en sus cosechas.

Al empezar el Alzamiento en 1936, Antonio se marchó de su pueblo hasta llegar a zona republicana ingresando como voluntario en una de sus unidades. Después de varias vicisitudes, llegó a Madrid. A últimos de diciembre fue destinado a Archena (Murcia) donde estaban formándose brigadas con tanques y blindados de procedencia soviética. Después de un curso intensivo obtuvo el título de conductor de tanques, actividad que realizó durante toda la guerra. Antonio participó en las batallas del Jarama, Guadalajara, Brunete, Teruel y contraofensiva de Levante y por último en la batalla de Peñarroya, donde me relató que en plena retirada llegó a un lugar donde había un soldado republicano sentado en el arcén de la carretera tapado con el capote, invitándole a subir a la torreta del tanque hasta que lo dejó en lugar seguro. Relato este hecho por cuanto en las conversaciones que sostuve con él, me manifestó que en Líria se encontró con aquel soldado al que ayudó y que resultó ser Vicente Faubel Torres, “camisa vieja” de la Falange de Líria.

Finalizada la guerra, Antonio regresó a su pueblo donde fue bien recibido y nadie le molestó. Posteriormente fue movilizada la quinta de 1939 y todos los de la misma que sirvieron en el Ejército Republicano tuvieron que incorporarse al Ejército para realizar el servicio militar. Antonio fue destinado a un Batallón de Trabajadores. Licenciada su quinta en 1941, se incorporó en su población a los trabajos rutinarios de la misma, pero al poco tiempo, decidió marchar a Líria donde se encontraban ya muchos paisanos suyos, lo que hizo con su hermano Manolo, su esposa Rosa Rey Castro y sus dos hijos, Antonio y Joaquina.

Tanto Antonio como su hermano Manuel trabajaron en esta población para la familia de Don José Lis Sastre, uno de los mayores terratenientes de la población que era hombre de profundas convicciones religiosas y sociales del que tanto Manolo, que a los pocos años volvió a Montilla, como Antonio, guardaban un afectuoso recuerdo. En Líria, a Antonio le nacieron sus hijos Rosa, Francisco y Pepe, que cuando escribo estas líneas aún viven. Antonio en sus largos años en Líria trabajó para las empresas de los hermanos Salvador y José Lapiedra y de su primo hermano José María, de los cuales guardaba un grato recuerdo y que al morir le acompañaron en su entierro. Mi biografiado era un hombre afable, cordial y humano que se hacía querer por cuantos lo trataron, así como su esposa Rosa que quedó ciega por enfermedad y por la que Antonio se dedicó en cuerpo y alma a su cuidado hasta que murió el 30 de julio de 1992. Todos los hijos del matrimonio formaron sus familias y hoy, excepto Joaquina que lo hace en Sevilla, viven en Líria.

Antonio nunca abjuró de sus ideas republicanas, y cuando llegó la transición política, le fue reconocido el grado de sargento del Ejército Republicano. Falleció el 24 de junio de 2001 en su domicilio de la plaza del Calvario nº 1. Su funeral, que se realizó en la iglesia de San Francisco, constituyó una gran manifestación de afecto y cariño de todos los amigos que hizo en Líria, que fueron muchos. Fue socio de la Agrupación de Andalucía en Líria y de la falla de la plaza de Pedralba y frecuentó casi a diario el local del Círculo San Miguel donde aún hoy es muy recordado.

Rafael Sornosa Martínez

Sornosa

Rafael Sornosa Martínez

 

Nació en Líria el 24 de abril de 1916. Estudió el bachillerato y el 18 de julio de 1936, con 20 años cumplidos tenía ya el título de Maestro Nacional aunque no me consta que ejerciese como tal. Era hijo único de Rafael y de María y residente en la calle Mayor nº 29. Su padre era socio fundador de la Unión Musical. Rafael vivió y murió siendo socio de la Banda Primitiva.

El día 30 de septiembre de 1936 ingresó voluntario en la Escuela Militar Antifascista (E.M.A) situada en Paterna y dada la gran amistad que tuvo con el autor de este trabajo, antes de su fallecimiento me hizo entrega de su historial militar durante la guerra.

En su historial militar aparecen los siguientes datos: ingresa en la E.M.A. el día 30 de septiembre de 1936 donde estuvo hasta el 30 de noviembre en que causa baja obteniendo el empleo de teniente de infantería. El 1 de diciembre fue destinado a la 18 Brigada Mixta, pasando a prestar sus servicios en la 3ª compañía del III Batallón, de guarnición en Albacete. Mandó en principio una sección y posteriormente toda la compañía hasta final de 1936. El 1 de febrero de 1937 fue trasladado con su Unidad al frente del Jarama, concretamente a Cienpozuelos (Madrid). Intervino por primera vez en acción militar el 6 de febrero ocupando posiciones en Titulcia y otros lugares del Jarama. Su unidad tomó parte en las operaciones de los cerros del Pingarrón y del Butarrón. Por comunicación del comandante jefe de la Escuela de Aplicación de Infantería de Barajas al jefe de la 18 Brigada Mixta en escrito 404 de fecha 31 de mayo, terminó el curso de “Especialista de Observación” obteniendo la clasificación de “muy bien”. El día 4 de junio causó baja en el batallón pasando a prestar sus servicios en la 2ª sección del Estado Mayor de la Brigada y, el 16 de diciembre, fue nombrado Jefe de Estado Mayor de la unidad. El 17 de diciembre del 37 formó parte del tribunal que examinó a los aspirantes a ingreso en la Escuela de Pilotos. Por orden circular de 21 de diciembre de 1937 fue ascendido a capitán de infantería en campaña con antigüedad del 10 de febrero de 1937, continuando sus servicios en la citada Jefatura de Estado Mayor y por orden del Jefe de la 15 División en escrito nº 947 de 6 de marzo de 1938 pasó a desempeñar accidentalmente el cargo de Jefe de Estado Mayor de la 17 Brigada Mixta. Con fecha 2 de abril y por orden del Jefe de la mencionada División en escrito nº 1.387 de 24 de marzo pasó a prestar sus servicios al Cuartel General de dicha División como Jefe accidental de Estado Mayor de la 103 R. División permaneciendo hasta el 6 de octubre en que fue nombrado jefe de Estado Mayor de la 73 División. Así continuó hasta los meses de enero y febrero de 1939 en que fue trasladado al frente de Extremadura dependiendo del XVII Cuerpo de Ejército. En marzo fue trasladado con su unidad a la provincia de Cuenca formando parte de la Reserva del Grupo de Ejércitos donde el 1 de abril de 1939, día del final de la contienda, se encontraba en la localidad de Arcas.

Salió de dicha población, dirigiéndose a Líria, pasando por Segorbe y Alcublas. El 4 de abril, al llegar a su población natal fue detenido e ingresado junto a otros compañeros en la cárcel habilitada en la planta alta del edificio del Ayuntamiento. Permaneció así varios meses hasta que pasó a la cárcel Modelo de Valencia sin que sepa la fecha exacta. De allí pasó a Zaragoza donde estaba situada la Auditoría Militar que instruía el Consejo de Guerra contra él y otros militares del Ejército de la República. Fue condenado a 12 años de prisión, aunque dada su situación ingresó en un Batallón de Trabajadores donde también cumplía condena el vecino de Líria y amigo del autor de este trabajo, Vicente Rodilla Pastor que me comunicó que dada la personalidad de Rafael Sornosa, éste se hizo notar dentro del Batallón gozando de la confianza de los mandos del mismo que le confiaron tareas administrativas relevantes. Respecto al consejo de guerra en que fue condenado Rafael Sornosa, Francisco Carbonell Santes, entonces Alcalde de Líria le expidió un aval certificado el 27 de diciembre de 1941, avalando la conducta política y social de Rafael de lo que deduzco que el consejo de guerra pudo celebrarse por aquellas fechas[1]. En dicho certificado se dio la circunstancia de que el alcalde de Líria, que era Delegado local de la Comunión Tradicionalista en Líria desde antes de la guerra, se avalaba a Rafael porque “…no ha pertenecido a ningún partido político ni sindical, observando buena conducta en el orden político, religioso y social, siendo tenido siempre en la consideración de simpatizante con las derechas”. Además se decía que a Rafael no se le podía imputar ningún delito sino que, todo lo contrario, ayudó a algunas personas derechistas del pueblo llegando incluso a ocultar deserciones en el “Ejército Rojo” y aconsejar otras. Para confirmar todos estos extremos se incide en la persecución a la que fue sometida su familia, ya que su padre era afiliado al Partido Autonomista.

Este aval, por supuesto, representó un alarde de valor por parte del entonces alcalde de Líria ya que defendió el comportamiento de Rafael Sornosa que estaba siendo juzgado por haber ostentado cargos de importancia en el Ejército de la República.

Al ser puesto en libertad Rafael Sornosa, al poco tiempo reingresó en el Cuerpo Nacional de Magisterio siendo destinado a una población de Lérida. A los pocos meses, en concurso de traslado fue a Benaguacil donde trabajó como Jefe del Grupo Escolar de la población. Después fue trasladado definitivamente a Líria donde fue director del Grupo Escolar “San Vicente Ferrer” hasta que se jubiló. Dada su gran actividad se hizo cargo en Líria de la sucursal de seguros Mapfre, realizando una intensa labor que le valió la amistad del Presidente Nacional de dicha entidad Don Ignacio Hernando de Larramendi según reconoció al autor de este trabajo el propio sr. Larramendi en varios actos carlistas donde coincidieron. El día 4 de marzo de 1992 al celebrarse en Líria un acto por los Martires de la Tradición, el sr Larramendi, invitado por el autor de este trabajo se desplazó a Líria con su esposa desde Altea donde veraneaba reuniéndose también con Rafael Sornosa.

Al producirse la transición política a Rafael le fue reconocido el grado de Coronel de Infantería de Estado Mayor. En las primeras elecciones municipales de la transición fue elegido concejal por Izquierda Republicana junto a Salvador Moros Silvestre, cuñado del autor de este trabajo. Durante más de 20 años fue Secretario General de la Banda Primitiva, revitalizando su administración, que corroboró al cesar en dicho cargo y ser elegido presidente de dicha Sociedad.

Rafael Sornosa falleció el 18 de junio de 1998, casado con Doña Francisca Peña Esteve, que todavía vive. Dejó tres hijos: María, Rafael y José Miguel.

Su fallecimiento fue sentido por la población de Líria. Reproduzco las palabras pronunciadas en su entierro, por el entonces Presidente de la Banda Primitiva Don José Romero Moros que salieron publicadas en el Levante el 10 de junio de 1998: “Fue una persona extraordinaria, un hombre honradísimo y fiel seguidor de sus principios que él definía como republicano y clarinero”.

A su esposa y a sus hijos con el recuerdo y el afecto de su querido amigo, el autor.


[1] Dicho aval se encuentra en el sumario instruido a Rafael Sornosa quien le dio una copia del mismo al autor de este trabajo.

La retaguardia nacional

 

En las pocas veces que nuestros biografiados tuvieron permiso para pasar unos días en la retaguardia, son conscientes del ambiente que en la misma se vivía. Las noticias de la prensa solo hablaban de hechos y acciones de guerra victoriosas para el Ejército Nacional, cosa lógica por cuanto la prensa estaba sometida a una férrea censura, por imperativo del Estado de Guerra en que se encontraba.

El ambiente era prácticamente de entusiasmo respecto a los seguidores del bando nacional. La comida era de calidad y abundante. Nuestros biografiados, que percibían una soldada diaria de unas 1,50 pesetas podían consentirse, como ejemplo en Sevilla en la posada del "Medio Caballo", una comida compuesta de un pan, un plato de caliente, un huevo con patatas o carne, vaso de vino y postre por importe de 1,50 pesetas.

Dicha comida no desmerecía a la que se les suministraba en el frente, que siempre consistía en tres platos variados, postres y vino tanto a medio día como por la noche.

Los voluntarios extranjeros especialmente italianos y alemanes tenían un comportamiento totalmente diferente. Los primeros como buenos latinos eran alegres, dicharacheros y jaraneros haciendo ostentación de los actos bélicos en que habían intervenido. No obstante los españoles, tan aficionados a la crítica, se burlaban por la actuación de las fuerzas italianas en Guadalajara, acción abultada por la propaganda roja. Incluso entre los soldados españoles cuajó aquella letra injusta con la música de “Faceta Nera”, "Guadalajara no es Abisinia". Los campos de la Alcarria y el Puerto del Escudo son testimonios del coraje y de la bravura de los voluntarios italianos.

Los alemanes eran serios, disciplinados y poco comunicativos aunque si, corteses y amables.

Las victorias del Ejército Nacional lógicamente eran festejadas con manifestaciones y actos patrioticos; los momentos duros, como la Batalla de Teruel y el Ebro, sólo se sabían a través de la prensa y de la censura a la misma impuesta.

Resistencia a la Unificación

 

Aunque, los combatientes requetés prácticamente nada sabían de las circunstancias políticas de la retaguardia, sí que había llegado a ellos, aunque veladamente las circunstancias de la unificación política decretada el día 19 de abril de 1937.

Nos relatan Miguel Vergara Gimeno, Miguel Asensio Martínez y Miguel Peñarrocha Taroncher que en el mes de mayo de 1938, estando de posición en el paraje denominado " Los Colorados", se anunció al Tercio de la Merced que iban a gozar de unos días de descanso en la retaguardia de la localidad de Pueblo Nuevo, cerca de Peñarroya, pero a la vez se les indicó, que se habían de colocar en la camisa las cinco flechas de Falange. Dicha orden fue rechazada únicamente por los oficiales, clases y Boinas Rojas del Tercio de la Merced, por lo que el mando superior los castigó a no gozar de descanso y estuvieron realizando trabajos de fortificación en primera línea.

Ello día origen a una canción espontánea de los requetés respecto al castigo que se les impuso porque no querían colocar las cinco flechas, por ellos denominadas “El Cangrejo”,cuya letra al cabo de tantos años no es dada a conocer por Miguel Asensio y que dice lo siguiente:

Nos quieren poner cangrejo

Ole pum, ole pum, catapum,catapum

Nos quieren poner cangrejo

ole pum, ole pum, catapum,catapum

Veremos lo que esto dura

ole pum, ole pum, catapum catapum

Que para Ilevarlo puesto

ole pum, ole pum, catapum, catapum

Hay que tener cada dura

ole pum, ole pum, catapum,catapum.

El relato de lo anterior es una muestra de la repugnancia de los carlistas a aceptar el Decreto de Unificación, y que luego terminada la contienda se tradujo en las masas carlistas en el rechazo a la Falange.

El espíritu religioso de los Tercios de Requetés

El espíritu religioso en las unidades de combatientes carlistas, los Tercios de Requetés, han sido ampliamente difundidas tanto en España como en el extranjero.

Es imposible dentro de la presente recopilación incluir todos los hechos laudatorios del espíritu religioso de los requetés pero para que quede constancia en la presente y modesta recopilación de dicho espíritu de sacrificio, entrega al ideal de “Dios, Patria Fueros y Rey”, es obligado citar aunque solo sea someramente algunos aspectos del espíritu religioso que era fundamento esencial de los combatientes carlistas -no sólo circunscrito a Navarra o provincias Vascongadas-, sino a todo el ámbito de la Zona Nacional. Como la presente recopilación se refiere concretamente a Vergara, Asensio y Peñarrocha a través de las conversaciones verbales que durante tantos años mantuvimos con los mismos, hacemos constar que en los Tercios de Requetés andaluces, el espíritu religioso de sus componentes no iba en merma alguna al que imperaba en los Tercios de Requetés de otras provincias.

Así, Miguel Peñarrocha nos manifiesta que en su Compañía, todos los días al atardecer se rezaba el Santo Rosario, que él dirigía cuando no estaba presente el padre Marcelo, Capellán de dicha Compañía, que todos los domingos y especialmente en las festividades religiosas como el 10 de Marzo, festividad de los Mártires de la Tradición, se celebraba la misa dominical dedicada al día de los santos que coincidían en dicha fecha. Que algún requeté de su Tercio que no había tomado la primera Comunión, libremente aceptada a pesar de sus años celebraba el encuentro con nuestro Señor Jesucristo lo que era motivo de júbilo de todos sus compañeros en el ideal.

Francisco Romero Garrido, voluntario requeté a los 15 años de edad en el Tercio de la Virgen de los Reyes, hoy residente en Benaguacil, nos manifiesta como él y su hermano tomaron la Primera Comunión en Campaña ante la presencia del padre Marín, al que conocimos en tantos y tantos años de asistencia al acto de Montejurra.

Y como no recordar a Antonio Mollé Lazo, asesinado el día 10 de agosto de 1.936 en Peñaflor por no querer renegar de sus ideales, hoy en trance de beatificación, el cual martirizado por los milicianos después de torturarlo y antes de cortarle la lengua y las orejas manifestó a sus torturadores “me matáis, pero Cristo reinará”, dando su vida confesando su fe religiosa.

Ante este hecho y tantos que se dieron durante el transcurso de la, para ellos, “Cruzada de Liberación Nacional”, sin desvalorar otros hechos de combatientes no carlistas, no tenemos más remedio que con el respeto y consideración que merecieron tantos hechos conocidos y otros anónimos que dejar constancia de nuestra admiración al sacrificio cruento de la juventud Carlista en nuestra guerra. Todo requeté recibía en el momento de su ingreso a la Unidad correspondiente tanto la " Ordenanza del Requeté” como el “Devocionario", que era forma y constancia de su vida y entrega al ideal de Dios, Patria Fueros y Rey.

Asensio, Vergara y Peñarrocha

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Miguel Asensio Martínez, Miguel Vergara Gimeno y Miguel Peñarrocha Taroncher en la colocación de la Medalla de la Lealtad de los Requetés en la Cruzada. 16 de Marzo de 1968

D. Luis Taroncher Castillo

LuisTaroncher

Cabo de la escuadra de Miguel Peñarrocha Taroncher. Sufrió un sumario por el pase de Peñarrocha a la zona nacional.

Vergara, Asensio y Martínez

Vergara

Miguel Vergara Gimeno, Miguel Martínez y Miguel Asensio Martínez en Zaragoza en una visita a la Virgen del Pilar, Martínez hab´ñia estado prisionero en Llíria

Miguel Asensio Martínez

Asensio

En Vinaroz con uniforme de soldado republicano

D. Antonio Arreondondo Sierra

AntonioArreondo

Capitán de la 2ª Compañía del Tercio de la Virgen de la Merced

Oficiales del Tercio de la Merced

Arreondo

El tercero a la derecha es D. Antonio Arreondondo Sierra

Olegario, Vergara, Miguel, Yuste, Romero y Peñarrocha

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Olegario Alonso, Miguel Vergara, Miguel Asensio, Jaime Yuste, José Romero y Miguel Peñarrocha